El GES en mi isapre: una dulce realidad.
Thursday, December 22nd, 2005Ayer miércoles fui por mi quinta canasta GES a la sucursal de mi Isapre.
Una vez más, como las cuatro veces anteriores, me inundaba el temor de no recibir todo… O recibir de una vez la respuesta “¿Sabe? Todos estos meses ha habido un error y a usted no le corresponde todo lo que le hemos dado…”.
Me pasé casi 20 de mis 37 años “depositando” en “Diabéticos S.A.” todos los meses una buena cantidad de los pesos de mi papá primero, y míos después, para recibir a cambio los insumos indispensables para permanecer en esta vida.
Con mucha desazón veía como cada mes, mi sueldo era mutilado por esa importante tajada que había que sacarle para mantener un tratamiento óptimo, sin contar con la cotización permanente a la Isapre para cubrir otros gastos de salud.
Nunca una hospitalización, nunca un gasto extra en salud afortunadamente: un cliente ideal para una isapre, sanito. Si lo único que tengo es diabetes… y los medicamentos no los cubre la isapre. Era la vida que me tocó vivir no más. No había otro consuelo.
Cuando las tiras reactivas eran sólo para control visual, alguna vez llegué a partirlas en ¡cuatro! para que me alcanzaran para más y así ahorrar. Tener una máquina era privilegio de unos pocos que las podían costear, porque además la máquina no aceptaba tiras partidas… Las jeringas eran usadas “hasta que duela”, lo mismo que las lancetas, que a veces simplemente se cambiaban cuando se rompía el lancetero.
Pero eso cambió.
Pese a los temores iniciales y una serie de problemas que se han ido solucionando con la voluntad de unos pocos que han hecho el camino completo más de una vez, hoy el GES, en lo que a mi me compete, está funcionando.
Me siento privilegiado. Por primera vez siento que soy receptor de un beneficio muy importante. Por primera vez siento que de una u otra forma se nos toma en cuenta a pesar de ser una minoría (¿cuantos somos en Chile los DT1? ¿7.000? ¿8.000 acaso?).
Hoy tengo una jeringa para cada inyección diaria, hoy tengo una lanceta por cada glicemia que me haga al día y para esa glicemia tengo la cantidad de tiras que necesito y su correspondiente máquina. Y lo más importante, tengo la insulina que garantiza el mejor tratamiento, el que a mi me sirve.
Sin embargo ese privilegio del que soy objeto no es igual para mis compañeros de ruta. Hay algunos que no reciben todo lo que necesitan, o simplemente les entregan insumos que no se condicen con un tratamiento óptimo.
El tema del GES está funcionando, con sus pro y sus contras. Pero todavía queda mucho por hacer. Es urgente que se respete el espíritu de la reforma a la salud impulsada por este gobierno: igualdad para todos. No puede haber diabéticos de primera y de segunda…
Porque no creo tener necesidades distintas a las que tiene un chiquito de 6 años que se atiende en un hospital público de este país: él, al igual que yo, merece el mejor tratamiento que exista hoy en día.
