Archive for January, 2006

Se inicia estudio para ver si la diabetes Tipo 1 afectaría la función ovárica.

Friday, January 27th, 2006

Hoy me enteré que la Dra. Ethel Codner, pediatra y endocrinóloga del Instituto de Investigaciones Materno Infantil de la Universidad de Chile, ganó un proyecto Fondecyt para llevar adelante una investigación en chiquillas DM1 de entre 13 y 20 años, y así conocer las implicancias de la diabetes en las niñas que incian su etapa repoductiva.
Se calcula que entre el 20% y 40% de las niñas con Diabetes Tipo 1 ven afectado el buen funcionamiento de su ovario, lo que se traduciría en menstruación irregular, hirsutismo (exceso de vello corporal), hiperandrogenismo, aumento de la grasa abdominal y, eventualmente, síndrome de ovario poliquístico, lo que en algunos casos se traduce en infertilidad.
Este estudio, que pone a nuestro país a la vanguardia en investigación en diabetes tipo1, viene a llenar un vacío importante en esta materia.
Las pacientes que se interesen en participar del proyecto pueden contactarse con la doctora Codner en el teléfono 2070101, o bien pueden escribirle a su correo electrónico: ecodner@med.uchile.cl.
Considerando las cifras de incidencia, y que cada vez estamos observando como debutan más y más chiquitos, es súper importante saber cómo afecta la diabetes el inicio de la edad fértil de la niñas.
Por años, el tema se ha abordado más que nada desde el punto de vista masculino… Y claro, el tópico de la disfunción eréctil preocupa a no pocos padres a la hora del debut de su hijo pequeño.
Pero qué ocurre. Mi particular punto de vista tiene que ver con que aquello se da más en pacientes mal controlados. No era extraño saber o escuchar por detrás de la puerta que el abuelo diabético ya “no se la podía”, jejejeje… Pero para mí, esos eran otros tiempos. Puedo afirmar con propiedad que un diabético bien controlado hoy no debería tener problemas… Y si los tiene, como alguna vez me dijo mi Doc, no hay nada que un buen control y una pastillita de Viagra no pueda solucionar.
Creo que me desvié del tema principal… pero bueno, la pelota es mía y qué!

Y ahora una vacuna de la India… Luego será el turno de la Wosulin… supongo.

Thursday, January 26th, 2006

Y claro. Pronto la noticia serán los diabéticos que usan Wosulin…
Hoy apareció esto en El Mercurio. La noticia la dio ayer también Teletrece… De seguro algún sagaz periodista vinculará esto al fármaco contra la esquizofrenia… Y de ahí, sólo a esperar a que algún diabético del Sistema de Salud Público se descompense gravemente para que alguien haga algo.
Por lo demás, y como un mal chiste, según las notas de prensa es el mismo Instituto de Salud Pública el que está “analizando” las vacunas para ver si realmente tienen problemas y causaron los efectos en los niños… ¿No es el mismo ISP el que autorizó su uso? ¿En qué país vivimos? ¿Merecemos un ministro de salud como el que tenemos?

Diabetes Tipo 1: prioridad en sueldos superiores a un millón de pesos.

Wednesday, January 25th, 2006

Información de El Mercurio
Según una información publicada hoy por el diario El Mercurio, la diabetes es prioridad Auge en los tramos de ingresos altos, es decir en sueldos superiores a un millón de pesos.
La información prosigue diciendo que el 19% del total de atenciones AUGE del sistema de isapres correspondió a personas con ingresos superiores a $1 millón en los primeros seis meses de la implementación del plan, según la Superintendencia de Salud.
Los usuarios de isapres concentraron su demanda en tres enfermedades: fisura labial palatina, escoliosis en mayores de 25 años y diabetes mellitus tipo 1.
Por otro lado, las patologías AUGE con menor demanda en este grupo de usuarios son justamente las que fueron más requeridas por los tramos más bajos de los pacientes de Fonasa, como la cobertura de cataratas y de neumonía adquirida en la comunidad.
¿Qué podemos concluir?
Si los datos son correctos… ¿Hay más diabéticos tipo 1 en los grupos socioeconómicos más altos? ¿Es que somos los afiliados a las Isapres los que “más estamos aprovechando” el beneficio? ¿Por qué? ¿Tenemos más educación y sabemos que DEBEMOS cuidarnos AHORA para no tener problemas mañana y por eso exigimos el MEJOR tratamiento que exista? ¿Hay diabéticos de primera y de segunda en mi país?
Todavía lo estoy masticando…

Pinchar o no pinchar… El dilema de cuántas glicemias diarias hacer.

Monday, January 23rd, 2006

Glicemia
A propósito de un post en el sitio mihijotienediabetes.cl, les quiero contar que pasé el fin de semana en Horcón, junto a mi familia, en casa de una muy buena amiga y su hija de 20 años. Los horarios normales se vieron un tanto alterados dadas las circunstancias, lo que me llevó a hacerme más glicemias de las que acostumbro (¿Cuántas acostumbro? Entre 5 y 8 diarias en promedio). De hecho, el sábado me hice como tres en menos de dos horas, lo que extrañó mucho a la Fernanda (la hija de nuestra amiga) pues le pareció excesivo. Yo le expliqué que por el pequeño desajuste de horarios me “sentía raro” y que si bien mi primera glicemia decía 110, no sería nada de extraño que a los 15 minutos estuviera en 40… Cosa que efectivamente ocurrió. Y que visto desde ese punto de vista, a mi me dejaba más tranquilo saber con el dato de la máquina en cuánto estaba. De ese modo pude determinar la acción a seguir con una base más sólida que el “glucómetro” que tengo en la cabeza.

Como recordarán, uno de los grandes temores que sentíamos con la entrada en vigencia del AUGE era el número de glicemias que la autoridad consideraba “ideales” por decreto. Cosa que probó ser en la práctica muy difícil de aplicar. Y si bien no es un tema que se haya solucionado del todo pues todavía subsisten inconvenientes en algunas isapres y en el sistema público, la mayoría de los que hemos peleado por las cintas que necesitamos las hemos conseguido.

¿A dónde voy?
Cuando algunos padres de hijos pequeños o los adolescentes recién debutantes me preguntan cuántas glicemias hacerse al día y a qué horas, lo primero que les digo es consúltalo con tu médico. Y después les explico que cada diabético es un universo y debe buscar el manejo que le resulte más conveniente (desde el punto de vista práctico, económico y emocional). Que se estila en promedio una antes de cada comida y otra por ahí de control post prandial o en la madrugada. Que si usan NPH y eres pequeño la de la noche en fundamental y todo eso que ya muchos saben y es materia de otro discurso. Yo me hago las glicemias que sean necesarias, y con una lanceta nueva casi cada vez, los dedos ya no sufren lo de antes…

Lo que sí me encargo de dejarles muy en claro es que para mí, el pinchazo en el dedo que menos me duele, de hecho no me duele nada, es aquel que me saca de una duda y me deja seguir mi vida sin preocuparme… hasta el próximo pinchazo.

Toma de muestras en Vida Íntegra: “Señor González, lo hacemos por su bien”.

Friday, January 20th, 2006

Botellas
Vengo llegando del Centro Médico Vida Íntegra de Ñuñoa (Pedro de Valdivia casi esquina Irarrázaval). Y estoy un poco… mm.. tostado.
Hace poco más de un mes que fui donde la doctora que me asignó mi isapre (Vida Tres) para renovar la receta GES. Ella aprovechó de darme unas órdenes para exámenes “de rutina” según sus palabras. Yo no me había hecho los famosos exámenes de confirmación del diagnóstico que se supone el sistema le exige a un paciente antiguo de Diabetes Tipo 1, por lo que dije, “bueno, ok, me los hago. ¿Dónde sería la cosa?”.

- “Acá mismo” me respondió la Doc.
- “Mmm”, otra vez mis dudas… y mis interrogantes…
- “¿Y a dónde llevan las muestras?, porque acá como que no veo infraestructura…”.
-”Parece que al Laboratorio Tajamar”.
- “Ah, por lo menos me suena a laboratorio decente…”.

La Doc me dijo que me los hiciera con calma, a principios de este año y que luego se los llevara.
Antes de ayer fui por mi sexta canasta GES y ahí aproveché de “comprar” los bonos. Digo comprar pues como sólo debe haber un pago mensual por el famoso copago GES, cancelando únicamente los $6.170 me dieron los bonos para los insumos (todo Ok y en su dosis justa), el bono de consulta con la Doc y los bonos para los exámenes.
La verdad es que cuando me dio la orden de exámenes ya me quedaron algunas cosas dando vueltas: me pide un glicemia… Como si no me costara nada llegar con 70 a la hora del examen… Me pide uno de orina completa… ¿Para qué? Ni idea. Un hemograma completo… O sea. Hemoglobina glicosilada, ya, ok. Microalbuminuria, ya ok. Hormona tiroidea, ya ok. Perfil lipídico, ya ok.
Llevo los últimos 10 años haciéndome sólo la hemoglobina en la FDJ sagradamente cada tres meses. Y una vez al año los otros clásicos de un diabético que además sufre de hipotiroidismo… Entonces…
Nada pues. Esta mañana llegué con mi botellita con orina de 24 horas… Y ya me miraron raro. Es que la botella era de jugo: “Mmmm… Es que el laboratorio Tajamar sólo acepta botellas de Cachantún, que no tiene colorantes”. Ojo, no puede ser Vital parece, porque me lo dijeron con mucha propiedad.
Primer alegato: siempre he usado botellas de jugo y en los laboratorios de la Católica nunca, nunca me han puesto un problema.
“Es que el laboratorio lo puede rechazar. Mire Señor González, lo hacemos por su bien”. En general cuando alguien me tiene que decir que está haciendo algo por MI bien, resulta todo lo contrario (Mamá: nunca me gustaron los garbanzos que me dabas por mi bien, por algo terminaba con dolor de guata, vomitándolos).
Entonces, como ya me estaba tostando, se me ocurrió decirles lo absurdo que me parecía además que me pidieran una glicemia, considerando que soy DT1… Y que de hecho me había controlado después de desayuno y tenía 90 clavados… Me miraron con horror, escribo en plural pues a esas alturas ya estaba la enfermera jefe tratando de ver al “pastelito” que les llegó con la botella de jugo.
La respuesta fue inmediata: “Usted no está en ayunas”. No, les dije muy suelto de cuerpo. Y ahí vinieron nuevamente las cosas que se hacen por mi bien… “Es que acá, la doctora le está pidiendo un perfil lipídico y debe ser en ayunas”. No es verdad, les dije. Si no comí grasas en la mañana, no importa… Y por lo demás, sólo una vez desde que me convertí en diabético me he hecho un examen en ayunas, fue una edoscopía que me provocó una hipoglicemia bien fea, por la que la Clínica Indisa me tuvo que pedir disculpas por escrito pues sabían el riesgo de hacerla en ayunas.
“Es que Don Marcelo, entienda, lo hacemos por su bien…” Y allá van otra vez. Dónde tengo que firmar les pregunté. Porque estaba claro que me querían achacar la culpa por un examen alterado o que el laboratorio lo rechace. Aquí abajito: “Paciente declara no estar en ayunas”.
Comenzaron a contarme amistosamente que ellos atendían desde las 8 justamente para que los pacientes diabéticos no coman nada antes y se inyecten allí mismo, y que muchos llevan su desayuno y hasta les pasan agüita caliente para el tecito… jajajaja. Terminé diciéndoles que el último examen que me hice no por el GES me lo habían tomado a las 12 del día, y las enfermeras de la Católica, que ya me conocían nunca me pusieron ningún problema, que todas esas otras exigencias son para los “viejitos” porfiados que andan comiendo a escondidas a cada rato…
En fin. ¿Cómo estarán mis exámenes? Espero que buenos. No me he salido de madre y mis glicemias andan bien. La última HbAc1 fue de 6,1. Veremos qué dice el “nuevo” laboratorio que hace todo por mi bien.
En todo caso la lección ya está aprendida: la próxima vez me quedo callado, llego a las 9:30 con mi botella de “cachantún” llenita hasta el tope… y si me preguntan si estoy en ayunas, la respuesta está más que clara. ;)

Los Campamentos de Verano de la FDJ

Monday, January 16th, 2006

Campistas en San Juan 2006.
Una vez más, como hace cuatro años ya, fui al Campamento de Verano que organiza la FDJ a través de su Sede Central. Este año, al igual que el año pasado se realizó en el centro recreativo San Juan, de la Caja de Compensación Los Héroes, ubicado a 100Km. de Santiago, en el camino al balneario de Rocas de Santo Domingo.
No fui como monitor ni mucho menos como campista. Fui como siempre, a registrar, con mi cámara fotográfica, algunos de los buenos momentos que se viven esos días y poder mostrárselos a los padres a través del sitio web de la Fundación.
…Y no dejo de asombrarme.
Hablar con los chicos que han asistido a campamentos alguna vez es adentrarse en los terrenos que la memoria reserva para hechos muy especiales, significativos. Aquellos que guardan las viejas cartas de amor de un pololo (a), el mechón de pelo de su primer hijo, un cuaderno o una foto de los tiempos de estudiantes, saben a que me refiero.
Cuando debuté, casi 20 años atrás, la FDJ no existía. Y luego, cuando comenzó a funcionar, en 1988, yo no la ubicaba mucho. Por lo demás, yo estaba egresando de la universidad y en mis primeros años laborales, era el verano cuando más pega tenía, y con poco más de veinte años de edad era bien poco lo que podía hacer en un campamento para niños y adolescentes.
Puede ser que mi nula participación en los campamentos históricos hacen que disfrute estos últimos como cabro chico. Claro, no me puedo quedar a pasar la noche con los chicos, pero los acompaño gran parte del día en todas sus actividades.
Sin lugar a dudas que lo más gratificante es verlos vivir su diabetes casi sin tener conciencia que son diabéticos. Es una verdadera escuela al aire libre, que combina educación con entretención en dosis justas.
Verlos sorprenderse al descubrir que a otro campista le pasa exactamente lo mismo que a él; que otro campista usa el mismo tratamiento pero tiene resultados tan distintos; que otro campista come lo que se le antoje, pero se cuida en extremo, son situaciones que gratifican.
Todos (o la mayoría para ser más precisos) se ven tan maduros, tan dueños de sí mismos y de su control. No falta claro está el rebelde, el que quiere irse a su casa apenas llegando a San Juan, pero son los menos. Y los monitores, coordinados por las psicólogas y hasta algún otro campista son los encargados de tratar de convencerlo para que se quede.
Este año me tocó estar con un par de chicas que a pocos días de su debut ya estaban en campamento. Conversé con una de las mamás antes que partieran y cuando supe que su hija había debutado hacía menos de un mes le dije “¿Y la vas a dejar ir?”. Ella me contestó que sí, pero con una cara de duda y terror que aparentemente el tono de mi pregunta le había infundido. A lo que repliqué, con su hija en frente, “…Porque me parece fantástico. Me parece genial que tú. como madre, a poco del debut ya confiés en tu hija para que se vaya a campamento y comparta con otros chicos de su edad su nueva condición. ¡Que manuales, que Pipes ni que tablas de hidratos de carbono! Eso ya lo leerá después, ahora no hay mejor escuela que pasarse 6 días y 5 noches compartiendo y viviendo SU diabetes, y la de 99 chicos más como si nada, como si fuera una simple mochila, livianita, que nosotros mismos llenamos, para que nos acompañe no sólo en campamento, sino que por el resto de nuestra vida”.

Un buen médico, el cuarto pilar del tratamiento de la diabetes.

Monday, January 2nd, 2006

Por años, en educación en diabetes se ha hablado que los pilares fundamentales del tratamiento son tres: terapia con medicamentos (insulina, hipoglucemiantes orales, etc.), alimentación y ejercicio.
Sin cuestionar que aquello es verdad, he asistido a muchas charlas, y casi ninguna, por no decir de frentón niguna, menciona al médico que atiende al paciente como otro pilar.
El otro día, estaba en la sede central de la FDJ y me encontré con el papá de una chiquita de 7 u 8 años que había conocido en una Sesión Familiar. Como siempre, le pregunté cómo estaban, y me dijo que salvo por una pequeña herida en un pie (no atribuible a la diabetes) la Vale estaba espectacular. A lo mejor su hemoglobina glicosilada no era lo que todos hubieran deseado, pero ella estaba feliz. Y la razón fundamental de esa felicidad era que se sentía cómoda con su tratamiento (lantus y novorapid), y más todavía, estaba muy contenta con su “nueva” doctora. Para que decir el regocijo de los padres, que ven en el cambio de médico, un cambio notable en la actitud de la niña para enfrentar su tratamiento, que ha redundado en una calidad de vida mejor.
Será que me estoy poniendo viejo (me acerco a las dos décadas de compartir con la Tía Betty), pero no pude abstraerme y recordar mis inicios en el mundo de los “dulcitos”.
Aquella fría y lluviosa tarde del 13 de junio de 1986, el doctor que confirmó el diagnóstico luego de ver los exámenes no encontró mejor forma para explicarme cómo cambiaría mi vida: “Ya no podrás tomar bebidas, no podrás comer chocolates, no podrás comer dulces, no podrás tomar helados ni comer duraznos en conservas… Y además tendrás que inyectarte tú mismo la insulina para toda la vida…”
Sonó bastante lapidario. Pero yo tenía 18 años y además era lo que se decía en esos tiempos… El punto es que hoy todavía quedan médicos que dicen lo mismo… y qué equivocados están. Porque lejos de ayudar al paciente, con tremenda sentencia le hacen un flaco favor a la adherencia que se debe desarrollar en las primeras etapas luego del diagnóstico.
Y algo así le debe haber sucedido a la Vale y a sus padres… Con la diferencia que estamos en el año 2006 ya.
Con aquel médico me seguí controlando por unos cuatro años hasta que él se jubiló y dejó de hacer consulta… Y las circuntancias de la vida me llevaron donde otra “profesional”, que lamentablemente no era chilena. Ella me veía cada tres meses, pero nunca me pidió una hemoglobina glicosilada… Sólo se limitaba a mirar mi cuaderno de glicemias y a preguntarme “cómo” me sentía. Claro, coincidió con un período de mi vida de mayor rebeldía frente a la diabetes: estaba trabajando muy bien, en lo que más me gustaba y disfrutaba de la vida acordándome de la diabetes sólo para inyectarme la única dosis del día de NPH… y nada más. Las glicemias, a veces, cuando estaban muy malas, simplemente las inventaba para estar dentro del “promedio”… Es que yo sentía a la “doctora” tan poco comprometida que como la diabetes no me dolía, daba lo mismo.
…Y así perdí prácticamente ocho años de tratamiento… Hasta que conocí a Tamara, mi señora, en el verano del ´94. Y ella, que es médico pediatra, cachó que yo estaba con un esquema un tanto antiguo, que no me controlaba como estaba dictando la pauta para esos años, con técnicas de multidosis… Y claro, la multidosis para la otra “doctora” era un poco “peligroso”, requiere un manejo más fino… O sea, supongo que me creería medio limítrofe mental, sin menospreciar claro está a quienes sufren ese daño…
Y Tamara, que no es tonta me dijo: “Pregúntale a tu “doctora” un par de cosas… además, pregúntale por qué no te manda a hacer una hemoglobina glicosilada…” Y ahí no más quedó demostrado que esa “doctora” no me servía para nada. Tal vez si hubiera tenido Diabetes Tipo 2, y ni siquiera eso. Su conocimiento era tan limitado, su manejo de nuevos tratamientos, nulo… que la verdad fue que me despedí amigablemente con la certeza de no volver nunca a verla.
Y así fue como llegué hasta quien es hasta hoy mi médico tratante, el que me recibió con un puñetazo en la guata literalmente, luego de escuchar mi historia y darse cuenta que había perdido un tiempo precioso.
Él me explicó por qué estaba con un tratamiento anticuado, y todo el efecto negativo que aquello estaba teniendo en mi organismo y las implicancias futuras, no muy esperanzadoras les diré.
Y mi vida cambió. Y cambió para bien… Hoy disfruto de mi vida junto a mi esposa y mi hijo de 7 años, sin ninguna complicación, con 6,1 de hemoglobina glicosilada, usando lantus y novorapid, inyectándome cuando sea necesario… como el otro día, que había duraznos en conservas con crema de postre en la casa de mis papás… ¿Qué habría dicho mi primer doctor al verme degustar esa exquisitez?

Cada vez que puedo, le digo a otros diabéticos o sus padres que deben sentirse cómodos con su médico. Que es en la confianza absoluta en lo que se basa dicha relación, que el médico debe ser capaz de responder todas, todas sus consultas, sin cuestionarlas, para eso está… Y si no, en la medida de lo posible claro está, entra a operar el libre mercado: tú eliges.
Hoy, cuando el AUGE nos “designa” al médico que nos atenderá el punto se hace crucial. Muchos hemos optado por mantener las visitas al médico de siempre (aunque signifique un pago extra) y “usar” al de la isapre como un mero expendedor de recetas. Sin embargo, es sabido que a través del AUGE hay varios profesionales de reconocida calidad, por lo que resta sólo informarse para ver hasta dónde se puede elegir.

Porque el manejo de la diabetes no es como la mesa de restaurante: si cojea una de las cuatro patas, en este caso no basta con poner una tapa de bebida para estabilizarla.