El que no llora no mama dicen por ahí.
Está claro, en una sociedad como la nuestra, que “disfruta” de los beneficios y “vicios” de una economía social de mercado, el papel que nos cabe a los ciudadanos como entes pensantes, deliverantes, opinantes y varios “antes” más, es fundamental.
Cuántas veces nos hemos sentido engañados, estafados o simplemente defraudados por un servicio que no era lo que esperábamos, y sentimos que simplementes nos han pasado a llevar en nuestros derechos.
Bueno, eso ocurre fundamentalmente porque no hacemos uso de nuestro soberano “derecho a pataleo”. ¿Y saben? Nunca, pero nunca me siento más satisfecho que cuando luego de alegar con justicia, con propiedad, se me da la razón y quién apareció como el omnipotente dueño de mi destino tuvo que agachar el moño y asumir su falta para conmigo.
Si leyeron mi post anterior sabrán que fui “víctima” de una situación no muy agradable. Pero que ya tuvo solución.
Luego de enviar el lunes pasado una mail reclamando a Cruz Verde y poner en conocimiento de esta situación a mi isapre VidaTres, esta mañana me llamó Mario Fuentes, quien se identificó como Químico Farmacéutico de la bodega central de Cruz Verde. Luego de pedirme las disculpas del caso y solicitarme el número del local de la farmacia en cuestión para que la situación no se repitiera, me consultó a dónde podían despachar los cartuchos de insulina. Le dije que, excepcionalmente, hoy estaría parte de la mañana en la Fundación Diabetes Juvenil de Chile, ubicada en La Concepción 80, local 1, Providencia. Me aseguró que tendría mi insulina alrededor del mediodía.
A las 10:59 recibí un llamado en mi teléfono móvil. Era la jefa del local de la Farmacia Cruz Verde, quien me decía que se venía recién integrando de vacaciones y había sido informada de una “insulina que me habían quedando debiendo el día de ayer”. Le corregí que me debían la insulina desde el jueves y le confirmé la dirección en la que estaría. Me dijo que recibiría la insulina en 30 minutos, o sea a las 11:30.
Estuve en la Fundación esperando, hasta que me llamaron a las 12:43… Pero me estaban llamando de las oficinas generales de la farmacia, en Lord Cochrane creo. La telefonista me preguntó: “¿Don Marcelo González? ¿En qué sección del holding trabaja? Porque acá le traen un paquete para usted…” Le dije que claramente había un error y le iba a explicar todo cuando despectivamente me dijo: “No, no, no me diga nada a mi, explíquele al señor que está acá…”
Hablé con un señor que entendía menos que yo así que me limité a decirle que yo estaba físicamente en La Concepción 80, Local 1…
A las 13:25, y como aun no llegaba nadie con mi insulina, y aunque en la Fundación se ofrecieron a recibirla por mi (lo que no acepté pues pensé que debía firmar algún documento o entregar el vale que me dieron), llamé esta vez a la farmacia para hablar con la jefa del local. Ella se disculpó nuevamente sin poder creer el error en la dirección de entrega. Se comprometió a que a la brevedad tendría mi insulina…
Finalmente, a las 13:41 llegó hasta el local de la Fundación el Conserje del Edificio… Traía la caja de pluma vit con la insulina. Se la habían dejado a él, sólo mencionando que era para La Concepción 80 (aunque claramente se leía en una etiqueta Local 1…).
Si bien estuve a punto de perder la paciencia e irme antes sin insulina y sin saber que ya estaba a 10 metros mío, finalmente pude llegar a mi casa a poner la insulina en mi refrigerador. Espero que gracias al hielo que traía la caja, no haya sido afectada la cadena de frío.
Agradezco todas las gestiones de los involucrados en solucionar este inconveniente, en especial a Julio Valenzuela de Banmédica - VidaTres, y a Claudio Suárez del Servicio al Cliente de Cruz Verde . Lamento la circunstancia en que conocí a estas personas, pero no es menos importante que se saquen las lecciones del caso para que situaciones como la descrita no se vuelvan a repetir en pos del bienestar de muchos beneficiarios del sistema GES.