Archive for December, 2006

A modo de Saludo de Fin de Año

Tuesday, December 26th, 2006

Para los que amo y me aman sin obligación.
Para los que quiero y me quieren.
Para quienes estuvieron conmigo en 2006 y estarán en 2007.
Para los que creyeron en mi… y los que no…
Para esos hombres y mujeres de empuje y coraje que admiro y seguro no se los he dicho,
Sí, para ti, especialmente para ti…

Para los que confían en lo que hago y lo agradecen,
Para los que aprecian mi compañía y me escuchan.
Para los que viajaron junto a este diabético hasta el otro lado de la cordillera… y del mundo también,
Para los amigos de verdad, los olvidados, los silentes, los pacientes…

Para los jefes diligentes y los subordinados asertivos.
Para las enfermeras cariñosas, amistosas, sonrientes.
Para los que han estado conmigo en mis altas y en mis bajas,
Para los que ofrecen ayuda, insulina, sacarina o un poco de azúcar.
Para los médicos preocupados por mi salud, por mi futuro, mi bienestar.

Para las amigas en problemas que encontraron en mis palabras algo de consuelo,
Para la familia, los padres, los hermanos, los abuelos, los sobrinos y los tíos.
Para los que cambiaron de folio, también para los primos.
Para los parientes políticos… y para los que prefieren no opinar.
Para los vecinos que saludo y me saludan cada mañana… y que hacen de este barrio un oasis de tranquilidad.

Para los que cambiaron de la categoría de conocidos al siguiente nivel.
Para los invitados, que llegaron a la hora, desafiando el clásico chilenismo.
Para los que sentaron conmigo a la mesa y vieron la mitad del vaso llena…
Para los anfitriones preocupados de la Coca Light, con nombre asignado desde el principio.
Para los que compartieron un café conmigo.

Para los que saludaron mi cumpleaños, sin tener que recordárselos…
Para los que estrenaron título este año… y hasta cambiaron de auto
Para los que me visitaron desde el frío norte, buscando el calor de la familia en el sur.
Para los que partieron y no podremos olvidar.
Para los responden mis mails o visitan mi sitio web.
Para los que no me incluyen en sus cadenas y me reenvían con copia oculta…
Para los que sienten que la tecnología los supera… y me piden ayuda creyendo que se más que ellos
(si supieran que a veces para no mentir invento)

Para los que saben de qué hablo cuando hablo de Sabina…
Para los que comparten mi afición por Cold Play, U2 y Violeta.
Para los que buscan y conmigo encuentran.
Para los que caminan y conmigo vuelan…
Para los que lloran y a veces ríen junto a mi…

Para los que celebran mi humor negro… dos minutos después, los quiero igual.
Para los que me apoyan, para los que discrepan y respeto.
Para los que piensan distinto… pero piensan.
Para el cartero famélico de cartas en la era del mail,
para el del camión de la basura que ahora debe reciclar
y para el repartidor del diario, que a pesar de internet espero con ansías cada mañana.

Para los colegas, competencia-complemento.
Para las duplas creativas, laborales, temporales, que he integrado y sus frutos hemos cosechado.
Para la eficiente telefonista, al otro lado de la línea, que soporta mi acalorado discurso cada día.
Para los padres de los amigos de mi hijo y los colegas de “mi” doctora también.

Para los que han visto el amanecer conmigo… algún atardecer o la luz al final del camino.
Para los que cruzaron el río…
Para los que sirvo de ejemplo, espero no decepcionarlos.
Para los que me enseñaron más de una cosa que no sabía.
Para los humildes, los sencillos, los más importantes.
Para los que me pagan por mi esfuerzo de cada día.

Para los diabéticos y sus padres aguerridos.
Para los que comparten mis gustos musicales y deportivos.
Para los que comieron de nuestros damascos, cosecha 2006, Ñuñoa…
Para los optimistas, para los ambiciosos, para los solidarios,
para los sanos y los “enfermos” de la cabeza, el corazón o el cuerpo…

Para quienes son mi fuente de inspiración cada mañana al levantarme…

Para todos y cada uno de ustedes, que se sintió identificado
con más de una línea de este texto, vaya mi saludo de fin de año
y los mejores deseos para el 2007.

Otra vez Sabina

Thursday, December 21st, 2006

Joaquín Sabina en Arena Santiago

Ídolo Sabina.
Unas 8.000 personas nada más. Los incondicionales de siempre, los que coreamos todo, desde “Calle Melancolía” hasta “Ahora que..” pasando por la insufrible “Y nos dieron las 10…” Sólo nos faltó la inédita “Violetas para Violeta” o “Flores para Violeta” dedicada a Violeta Parra… Un blues pesado, en clave de décimas como “Maldigo del alto cielo” (estilo Sabina eso sí) pero el estribillo se aprendía fácil: “Pregúntale a los milicos que hicieron en La Moneda…” El aplauso con guiño fue ovación cuando habló del “alivio de luto de la semana pasada…”

Tengo tanta historia con Sabina, le conozco desde hace tanto que para mi el show no era nada nuevo, otra ocasión más para disfrutar en vivo. Eso sí esta vez con la emoción de tener a mi hijo de 8 años junto a mi, coreando las mismas canciones que yo… mirando todo a su alrededor con esos ojos grandes que tiene … riendo nervioso ante ese cúmulo de sensaciones nuevas: la espera, el espacio, el escenario, el público, la banda, la música… el artista en comunión con sus devotos, registrando en su memoria un tiempo mágico…

No sigo. Con Sabina, las palabras sobran.

Casi a modo de final

Friday, December 15th, 2006

Cape Town, viernes 8 de diciembre. 19:45 hrs.

Me quedé sin internet para subir más post, pero vaya este a modo de final.
Mañana nos vamos. Esta es nuestra última noche acá. Ya era hora.

Yo diría que en términos de movimiento el Congreso terminó el martes. Miércoles y jueves simplemente estuvieron de más. Muy poca gente circulando, menos interesadas en saber quiénes éramos y de dónde veníamos. Las personas que de verdad están interesadas en saber qué ocurre en Chile, distintas a nuestros vecinos latinoamericanos, ya habían pasado.
En gancho de los laboratorios y su cúmulo de regalos es demasiado grande. Si hasta yo sucumbí y el miércoles me atreví y me fui a pasear y ver si había algo nuevo.
Nada mucho la verdad. Bayer con una máquina que no necesita codificación, una nueva versión de la One Touch, la 2; Levemir y Apidra dentro de las insulinas, la primera la competencia de Novo Nordisk, que igual hace rato que está en otros mercados, para hacer frente a Lantus y la segunda justamente la respuesta de los fabricantes de Lantus (Sanofi) para Novorapid. Veremos qué pasa en Chile porque por lo pronto Apidra llega en marzo próximo.
Dentro de las rarezas (o cosas medio “mulas” que quieren vender por top) había una bomba con medidor de glicemia incorporado. Ojo, medidor, no sensor, por lo que sólo es una máquina a la que también se le pone una cinta con una gota de sangre. De origen chino, cuesta alrededor de US$ 5.000.- Lo que sí vi harto fueron varias cosas para diabéticos tipo 2, pero como entenderán no me interesó tanto.
Pasé por el stand del Laboratorio Abbott y me sorprendí que no tuvieran nada nuevo. Sólo una máquina pequeñita, con menos memorias y que sólo mide glicemias… Según la niña belga que me atendió el “regalo ideal para la novia diabética”. Mmmmm. Le pregunté si había algo mejor que la Optium Xceed… que es la que yo uso y le mostré y me dijo que no, que yo tenía lo último en tecnología. Por ello me permitiría participar en un Quiz, concurso en base a preguntas sobre sus productos, lo que me dejaría acceder a un código para luego “ir” a un simple concurso en un computador y así ganar “algo”. Todo el cuento es engrosar sus bases de datos, porque todos ganan, eso sí, me di cuenta que seleccionan quién gana qué. Me tocó un multilector usb con el logo de Abbott, pero como además yo usaba sus productos, me regalaron también un bolso…
Ese día nos volvimos temprano con la Carola con nada más que el ánimo de descansar. Los que han atendido un stand en una feria saben lo agotador que puede ser estar 8 horas en un solo lugar con pocas posibilidades de moverse… aunque nuestros hermanos latinoamericanos se fueran de paseo a la playa. Sin comentarios.

Con la esperanza que da el iniciar el último día, jueves, que además es más corto, comenzamos el día.
Nublado y con lluvia amaneció, pero igual nos habíamos propuesto a la salida del Congreso, a las 2 de la tarde ir por algo de artesanía al mercado que nos habían hablado y a Water Front, un lugar del que todos hablaban y que para nosotros resultaba ya todo un mito a estas alturas.
Día flojo, problemas con las redes inalámbricas de internet… una lata terrible. Todo mal. Hasta que todo terminó. Dieron las 2 y por los altoparlantes anunciaron que esto había acabado. Mucha gente ya se había ido de los stands. Muchos médicos seguían adentro pues había seminarios hasta pasadas las 6 de la tarde.
Entonces decidimos que era el momento de ir al Free Market, una especie de mercado de las pulgas que siempre veíamos al volver en el bus a la universidad. Estaba a unas siete cuadres del Centro de Convenciones.
Y así lo hicimos. Lo primero que vimos fue un grupo de personas (no necesariamente quienes fabrican los productos) con artesanía puesta en el suelo. Cosas bonitas, cosa feas. De todo y con una consigna básica, nunca aceptes el primer precio que te digan. Literalmente te obligan a que tú le pongas pecio a las cosas. Bueno. Dejamos eso que es un círculo de no más de 8 personas, casi todas vendiendo lo mismo y seguimos por la calle una cuadra más allá, y lo que venía era un simple mercado persa: pantalones, zapatos, zapatillas, electrónica menor, baratijas, nada de artesanía. Lo siguiente era lógico, volver donde los primeros artesanos. Pero mientras volvíamos desde estos pasillos llenos de baratijas nos comenzaron a seguir tres jóvenes de color. Es difícil estimar la edad, pero no deben haber tenido más de 20 años creo. Y en un momento me di cuenta que estaba muy detrás nuestro y que intentaron abrirme la mochila. Al volverme se hicieron los locos, pero igual uno se asusta. Seguían detrás nuestro, y los dos con la Carola andábamos con una pinta de turistas: yo con mi cámara y mi mac dentro de la mochila, pero el bolsillo que intentaron abrir era el que está lleno, lleno de cables, por lo que además es difícil correr el cierre, por eso lo sentí.
Seguimos rápido hasta que desistieron de seguirnos y Uff! Alivio, llegamos a comprar las artesanía. Nunca sabremos si ganamos o perdimos con lo que compramos, pero nos dejó contentos a los tres: a la Carola, la señora que no nos lo vendió y a mi.

Teníamos como idea tomar el Bus a la universidad y por la noche volver a Water Front, también cerca del Centro de Convenciones, pero en la dirección contraria al mercado. Ya en camino mejor pensamos que iríamos de inmediato y por la noche, a modo de regalo comeríamos cerca del universidad.
Water Front es un paseo turístico al borde el puerto, con muchos restaurantes (caros la mayoría), algunos malls, pero en escala liliputense y mucho movimiento de personas, principalmente turistas: es que está hecho para ellos. Desde allí zarpan un sinnúmero de embarcaciones que hacen paseos por la bahía, a ver ballenas, pingüinos y otros que llevan a Robbe Island, un paso casi obligado. O sea, si uno tiene mucha plata para gastar y quieren ir y probar lo que ofrece cada restaurante, lo puede hacer. Lo que es nosotros, con una hora por ahí y un par de fotos fue suficiente.
Volvimos al Centro de Convenciones, convencido que no nos habíamos perdido nada por no haber “salido de paseo a Water Front durante el Congreso”.
Estuvimos esperando más de una hora el bus, tiempo durante el cual pudimos ver prácticamente las cuatro estaciones del año en términos metereológicos. Un recuerdo que nos llevaremos, será sin dudas lo variable que era el clima que nos obligaba a salir muy protegidos pos la mañana para luego necesitar urgente una camiseta manga corta y hasta casi un impermeable por la tarde.

Estoy cansado, después sigo.

De cumpleaños y paseo a la punta del cerro.

Wednesday, December 6th, 2006

Cape Town, miércoles 6 de diciembre de 2006. 07:15.

“Y… ¿Qué han conocido? ¿A dónde han ido? ¿Cómo? ¿A ninguna parte?”
En ese tono y con mucha sorpresa al escuchar nuestra respuesta de que ningún lado, era el diálogo que teníamos con casi todos los chilenos que andan por acá.
Pero eso era hasta ayer.
Porque ayer, y usando como excusa el cumpleaños de Carola, y por la gentileza de José Luis Saravia de Sanofi-Aventis, literalmente nos fuimos a la punta del cerro. Lo que es un decir, pues la Table Mountain, unos de los paseos obligados de esta ciudad se empina por sobre los 1085 mts. Se encuentra formando parte del Table Mountain National Park. Y debe su nombre a la forma que tiene: una meseta plana, que al verla desde abajo y perfil es eso, una mesa con un par de sillas a los lados (bueno, igual hay que tener algo de imaginación).

Estuvimos todo el día en el stand recibiendo las visitas de los médicos chilenos y cada uno que pasaba saludaba a la Carola por su cumpleaños.

Tuvimos otra reunión de la Región SACA de la IDF para aprobar el acta de la reunión del sábado pasado y también allí aprovecharon de hacer un saludo común a mi compañera de viaje.
La reunión incluyó una presentación de todas las asociaciones presentes. Unos más preparados que otros (fue un aviso de última hora) fueron contando lo que están haciendo en sus países. De los últimos turnos nos tocó a nosotros. Carola habló un par de palabras a modo de introducción y luego les dejamos con la presentación animada que tenemos de la FDJ. El aplauso y las felicitaciones brotaron espontáneas. Fue muy bonito y emotivo. Orgullosos una vez más nos fuimos de allí.

Al volver al stand, cerca de las 5:30 ya algunos médicos estaban ahí. Lo repito: es el punto de encuentro. Todos quedan de juntarse allí luego de ir a las distintas actividades. O nos dejan mensajes para que los entreguemos… Y con gusto lo hacemos.
Y ahí fue donde José Luis nos invitó a ir de paseo y luego a comer.

Así no más fue. Aprovechamos una vez más los dotes de guía de turismo de José Manuel, y conduciendo el Chevrolet Spark por las calles de Cape Town, enfilamos en dirección al equivalente a nuestra La Dehesa. Y llegamos a la Table Mountain. Una gran fila de autos serpenteaba al borde del camino estacionados aprovechando la maravillosa vista de toda la bahía; que bahía, toda la ciudad.
Para llegar, primero hay que seguir una carretera y así subir hasta donde está la estación.
Luego de la fila de personas que corre muy rápido, ya impresiona el ver partir la primera cabina. Son más bien cilíndricas, con una capacidad de 65 personas. El viaje tarda unos 4 minutos. Avanza a un máximo de 10 metros por segundo… que no se notan. El largo de los cables es de 1200 mts. Este paseo, está en operaciones desde 1929.
Una de las gracias de la cabina es que su piso gira, por lo que todos los pasajeros pueden tener una visión en 360 grados del paisaje… que es espectacular al subir. ¿Si da algo de susto? A juzgar por las caras de muchas personas… definitivamente sí.

Al llegar arriba la vista sobrecoge. Es increíble. Majestuosa. Prácticamente toda la ciudad a la vista y la inmensidad del océano teniendo bajo nuestros pies como sustento esta conformación rocosa donde se ven muchas capas geológicas. Entiendo que está área fue fondo marino alguna vez.
Afortunadamente no había mucho viento que, cuando lo hay, dicen que es peligroso, incluso para cerrar los viajes del andarivel. Un poco de brisa eso sí, que luego fue aumentando y poniéndose más fría.
Llegamos literalmente al ocaso. La luz naranja que iluminaba los rostros y creaba esas sombras alargadas eran el anuncio de una puesta de sol de esas. Agua, tierra, fuego… viento. Todos los elementos ahí, frente a nosotros, para la memoria.

Arriba nos encontramos con otro grupo de médicos, así que se terminó de armar un grupo de 14 personas que luego partimos a cenar para celebrar el cumpleaños de Carola.
Fuimos a comer a un restaurante de pastas, en el borde costero, muy parecido a Reñaca. Estuvo rico. Buena comida, grato ambiente, buena compañía. Meseros jugados por atender a los turistas. Si hasta “semi torta” de cumpleaños hubo. José Luis me decía que le dijeron a los mozos que estábamos celebrando un cumpleaños y necesitábamos a como diera lugar una torta. “Mmmm, no hay, sir”. “Pues tienen que conseguir una, con velas”. “Mmmm, velas de cumpleaños, no tenemos”. “No se na yo, necesitamos velas”. “Pues vayan a comprar”. “Buscamos hasta cuatro cuadras a la redonda… y no hay”. “Entonces usemos las de las mesas, aunque sean grandes”. “Ok, sir”.
Y al final de la cena, después de haberme comido un tremendo plato de fetuccini al pesto (no me pregunten de glicemias, porque a esta hora no quiero hablar de eso…) llegó la torta: algo improvisado pero muy rico: unas brownies bañadas en chocolate con una bolita de helado y una gran frutilla… espolvoreado de chocolate y con el nombre de Carolina escrito en salsa por alrededor…
Un momento Kodak. De esos que Mastercard no puede comprar jamás.
Las imágenes lo dicen todo y si bien es cierto que no hay como estar con la familia en fechas así, el grupo fue tan cálido y ameno que por un rato largo (hasta esta mañana en que despertamos) olvidamos lo lejos que estamos… en la punta del cerro.

Somos fomes, no pesados.

Tuesday, December 5th, 2006

Cape Town, lunes 4 de diciembre de 2006.

Son las 20:54, de este, el segundo día de exhibición.
Definitivamente con la Carola somos unos fomes.
Será el cansancio acumulado, será el cambio de hora, serán algunas de las incomodidades que hemos pasado, será que somos un par de burgueses cuarentones que acostumbran a hacer otro tipo de turismo (ni mapa de la ciudad tenemos porque no se ha presentado la oportunidad de comprar)… O será el extrañar tanto a nuestros seres queridos (me inclino más por esto último), pero es imposible que nos demos ánimo mutuo para “salir” a disfrutar y conocer algo de Cape Town. Todos hablan de Waterfront como EL lugar que hay que conocer, y queda relativamente cerca del Centro de Convenciones, al lado del puerto… Pero el sólo pensar en tener que “movernos” más para ir a conocer… y pasarla bien según dicen, nos hace echar pie atrás.
Lo más probable es que vayamos un día de estos a Waterfront, pero no cargando el peso de una mochila con computador y cámara fotográfica y una maleta con material impreso para la exhibición, así simplemente no se puede.

Definitivamente me parece raro este tipo de congreso. Hoy, que se abrió la exhibición de los auspiciadores fue increíble. La cantidad de recursos gastados, o invertidos según el cristal con que se mire, para montar esos stands a todo “trapo”, con cientos de “ragalos” para quien deje sus datos o entregue el cupón que antes se le envió por correo, atendidos por sus “propios dueños” y así mostrar la última maravilla que el diabético “necesita” para vivir mejor su vida, asombra.
Es cierto. También hay novedades positivas. Monitores con menos gota de sangre, dispositivos de lancetas más prácticos, que provocan menos dolor, más bombas de insulina, nuevas mezclas de insulina para diabéticos tipo 2 son algunas de las cosas que se ven por acá. Igual no he mirado con detenimiento.

Lo que hace raro para mi el Congreso es la extraña mezcla que se produce. Porque tener un Congreso Mundial de Diabetes, con la exhibición de los stands de los afiliados a IDF a los que poca gente visita y el gancho de los laboratorios regalando a destajo me provoca sentimientos encontrados.

Mi impresión es que lo más útil para los que estamos en el llamado Global Village (los stands de los afiliados) es el permitirnos tener de vecinos a nuestros vecinos geográficos, y valga la redundancia. Propiciar el espacio para compartir experiencias, conocer lo que están haciendo ellos, sacar conclusiones y proyectar las acciones en común funciona muy bien. Porque, aunque suene irónico, tener tanto tiempo muerto ya que apenas entraron o preguntaron un par de personas en las últimas dos horas, “motiva” a buscar la conversación que a lo mejor en otra instancia no se daría.

Hoy llegamos temprano al Centro de Convenciones a ver si podíamos conectarnos a internet y revisar el correo. Nop. No se pudo. Debe haber algún cortafuegos que no nos permite entrar al área del web mail de nuestros sitios.
Por lo mismo es que me decidí llamar a la Tamara en vista de tanto silencio. Lo raro es que como he estado escribiendo casi todo como si se lo contara personalmente (bueno, omito algunos cariñitos por pudor ;) ) la conversa por teléfono, que es re caro, se me hacía difícil al no saber que le había dicho y qué no. En fin. Igual está el registro en estas líneas.
La Carola tambien estaba un tanto angustiada porque ella también necesitaba revisar correos, así que al final, a media tarde de acá, decidimos comprar una hora de wi fi y así poder hacerlo directamente desde mi computador.
Más de 280 correos descargados en mi cuenta… y sólo uno que me importaba. Más de 350 en el de la Carola… Pero bastaba sólo un par para llenar de emoción a mi compañera de viaje ¡Que alivio y que agrado leer las palabras de quienes queremos y nos extrañan… igual como los extrañamos nosotros! Ha sido la plata mejor gastada de este viaje la hora de wi fi.

Nos avisaron que la región SACA se reúne mañana para concluir algunas cosas que quedaron pendientes en la elección del otro día. Consiguieron un salón en el hotel del frente. Será a las dos de la tarde y se supone que cada asociación podrá hacer una breve presentación de su principal quehacer.

Hoy también estaba programada la recepción de la IDF a todas las asociaciones que conforman el Global Village, Era pasadas las 17:30, hora de término de la exhibición… Pero no fuimos. Preferimos volver y tratar de descansar. Hay gente con más ánimo, hay gente que necesita ese tipo de actividades… los chilenos somos de bajo perfil.

Y acá estoy. Con glicemias bastante buenas. Como expositores, desde hoy y hasta el jueves tenemos derecho a nuestra “cajita feliz” gratis a la hora del lunch: efectivamente una caja de cartón con un sándwich (de pollo a la pimienta o vegetales) más una cajita de jugo (normal claro está, no ven que es un Congreso de diabetes, cómo se les ocurre que alguien pensaría en algo light…), una bolsita de frutas deshidratadas y una manzana. El sándwich estaba bueno, pimientoso… La manzana, espectacular.

De entrar a las charlas, ni hablar. Hay una norma de la IDF de que no se puede dejar los stands abandonados, solos, sin atención. Y si ya sufrimos un robo me queda claro por qué. Pero es cierto… Y Murphy anda por acá también, porque típico que uno de los dos sale y llega gente a preguntar leseras… Como la oriental (tenía pinta de japonesa) que se quedó pegada en uno de los manuales de diabetes y preguntó si lo podía comprar. Le dije que no, que no estaba a la venta y que sólo era una muestra para exhibición… Y me insistía y me insistía hasta que me comentó que lo que pasaba era que estaba fascinada con el dibujo de la portada… Y le pasaba la mano, como acariciándolo (será loca, si es un impreso y está lacado…) para casi rogarme que se lo vendiera. Insistió si me dejaba un correo electrónico para enviárselo como jpg… Ahí ya me puse pesado y le dije que como se le ocurría si esa imagen tenía copyright…
O las iraníes, con sus velos y todo que hojeaban y hojeaban revistas hasta que les dije que podían tomar un par y llevárselas si querían… Y me dijeron para qué, si no entendían el idioma. Plop!

En fin. Me cansé. Son las 21:51 ya y los ojos se me cierran solos. Hoy desperté a las 2 de la mañana y no hubo caso de dormir más, sobre todo si a las 4 ya hay sol…

Hasta la próxima.

Desde Cape Town

Monday, December 4th, 2006

Amanece en Cape Town.
Son poco después de las 5 de la mañana de este sábado 2 de diciembre.
Ayer no pude escribir porque simplemente me venció el cansancio.
El viaje, desde Sao Paulo hasta acá, lo podría catalogar de “inolvidable”. Lo pasé pésimo. Alrededor de dos horas después de haber despegado de la ciudad brasileña y ya sobre el Atlántico, comenzaron unas turbulencias no demasiado violentas, pero sí prolongadas… Y fue nefasto. Justo en ese momento me habían ofrecido un vaso de agua y la combinación me provocó un mareo como hace mucho no tenía… De ahí en más vomité varias veces, no se cuantas, mi glicemia bajó a 62 hasta que llegó la hora del desayuno y se me ocurrió “probar” un panqueque con mucha crema, que terminó de revolverme el estómago. Pero conste que sólo lo probé… un par de mordiscos nada más.
Llegamos cerca de las 6 AM a Johannesburgo y como teníamos que hacer la conexión a Ciudad del Cabo tuvimos que retirar el equipaje que traíamos, salir del Terminal Internacional, caminar un par de cuadras y llegar al Terminal de Vuelos Locales… Y yo sintiéndome pésimo.
Hicimos el nuevo check in en una larga fila (no se si saben pero en muchos aeropuertos internacionales lo que hacen ahora es chequear a todos los pasajeros de una misma compañía en un set de counters. ¿Eficiencia? No lo se. En la fila puede estar adelante alguien que tiene un vuelo en un par de horas más y atrás alguien al que le faltan 5 minutos para abordar.
Náuseas, cansancio, mucho sueño, una glicemia pegada en 250 que no bajaba a punta de bolos manuales… Bonita combinación.
Hicimos el check in y ya sólo nos quedaba dirigirnos a la sala de embarque. Y aquí ocurrió algo que en mi estado no logré dimensionar…
Yo siempre llevo conmigo mi navaja Victorinox… Aquella que muchos conocen. La que tiene “ene mil” herramientas, desde un lápiz hasta una lupa, pasando por tijeras mondadientes…
He hecho muchos viajes antes con ella en mi mochila, en mi bolso banano y nunca me dijeron nada al pasar los controles…Viajes post 11-09.
Pues bien, acá me la quitaron. La celosa oficial dijo en un tonito: “¿Hay una navaja ahí dentro?” Y yo por supuesto asentí. La busqué fácilmente, la saqué y se las mostré. Por supuesto me dijeron que no podía llevarla y la opción era devolvernos y hacer el check in otra vez (nuestras maletas a esa altura ya debían estar arriba del avión) o depositarla en un contendor donde se veían miles de otras cosas similares que no habían pasado los rayos x… Yo la verdad no me sentía en condiciones para argumentar nada: que había salido de Santiago de Chile con ella, que había entrado a Brasil con ella allí… Nada. Si ni siquiera la bomba de insulina detectaron. ¡No suena al pasar el arco de control! Y ahí quedó mi navaja. Aquella que tenía grabado mi nombre. Aquella que me había regalado Vanessa, mi fallecida suegra, hace como 8 años y que había comprado directamente en la sala de venta de Victorinox, en uno de sus últimos viajes a Suiza.
Es raro, pero el apego que uno siente por algunos objetos no se puede describir.
Todavía seguía en shock cuando ya estábamos arriba del avión (al que había que llegar luego de tomar un bus claro está. Imagino que las ampliaciones de los dos aeropuertos que vimos acá tienen que ver con el hecho de ser Sudáfrica la sede del próximo mundial de fútbol). Subiendo las escaleras para abordar el jumbo de South African Airways rumbo a Cape Town (a 1750 km. al sureste de Johannesburgo, algo así como 2 horas y 20 minutos de viaje) me temblaban las piernas. A duras penas llegué arriba. La mala suerte es que como era un jumbo la fila de los asientos del lado de ventana era de a tres… Y el pasillo ya estaba ocupado. Pasamos con la Carola pidiéndole permiso al gordo oriental que olía pésimo (según nuestros estándares) y nos instalamos. Antes del despegue ya quería ir al baño a vomitar. No me dejaron las azafatas, me pasaron la clásica bolsita… Aguanté como pude hasta que se apagaron las luces de cinturones de seguridad abrochados. Y vomité tres veces más, llegando justo al baño que estaba en la cola de avión.
Sin la Carola, la verdad es que no sabría que habría hecho.

Finalmente estamos alojados en un Campus de la Universidad de Cape Town. Son eso, las clásicas instalaciones que vemos en las películas donde en torno a un edificio central de no más de cuatro pisos se agrupan otros donde se mezclan salas de clases con construcciones para que alojen sus estudiantes. Construcción sólida, de ladrillo estilo inglés, con algunos edificios nuevos y otros de mediados del siglo pasado. Diez o doce habitaciones por piso, y un baño común… Claramente no es un hotel 5 estrellas… pero es lo que hay.

Hoy iremos al Centro de Convenciones a registrarnos oficialmente en el congreso. Debemos “armar” nuestro stand con muy pocos recursos… Nos faltó producción creo.
Ya amaneció en Cape Town. Hay unos 18 grados, hay sol pero unas pocas nubes cubren el cielo. Corre viento y probablemente en un rato nosotros correremos con él.

Ah. Ya estoy mejor de mi estómago. A punta de galletas de agua, coca ligth y un poco de jugo para corregir pequeñas bajas, me siento bien. Todavía el cambio de hora (5 más que en Santiago) afecta, pero en términos de glicemias ya llevo 12 horas con ellas bastante normales.

Vaya! Esta experiencia como representante de la FDJ en este congreso está siendo toda una experiencia.

Ya anocheció en Cape Town. Estoy otra vez en mi habitación. Son las 10:20 de la noche cuando puedo sentarme frente al teclado otra vez. No estoy tan agotado como ayer, sin embargo fue un día largo.
Sigo sin poder conectarme a internet, creo que mañana, una vez que el Congreso comience en forma oficial sí lo haré. AL menos desde el Centro e Convenciones, porque lo que es desde acá, lo dudo. Hay un enchufe de cable de red, pero no funciona.

Anoche puse la cabeza en la almohada a eso de las 8 y me quedé dormido profundamente… Hasta que desperté una hora y media después por el ruido de risas y conversaciones a muy alta voz en la entrada del edificio. La gente habla alto acá, es como su forma de ser. He visto sonrisas muy amables y se les ve expresivos.
Me costó volverme a dormir… Serían casi las 11 probablemente cuando lo conseguí.
Había puesto el despertador a las 7:30 pues quedamos de encontrarnos con la Carola a las 8:30 para desayunar juntos (hay comedores comunes y si bien es cierto mujeres y hombres duermen en edificios distintos, es espacio de los comedores se puede compartir).
Pues bien, me desperté a las 5 AM con nos ojos así de grandes. Y como no sacaba nada con intentar dormir otra vez, luego de ducharme me puse a escribir el post anterior.
Luego desayunar y contarnos nuestras penurias para conciliar el sueño, lo malo de la cama, lo desagradable del ruido (Carola había dormido menos que yo: nada) y proponernos que este sería un día mejor, emprendimos camino al Centro de Convenciones, sede del Congreso. Un tremendo lugar, moderno, con todas las comodidades para eventos de esta magnitud (no olvidemos que la IDF tiene más de 170 asociaciones miembros de más de 120 países).
Las actividades de este día estaban circunscritas a tres en lo que a nosotros concierne: acreditarnos oficialmente, ver nuestro stand y evaluar cómo lo podíamos decorar y participar como representantes en la reunión de SACA (el grupo de la IDF que nos corresponde y que agrupa a todas las asociaciones de Latinoamérica y el Caribe) donde se llevaría a efecto la elección del nuevo presidente. O sea, hasta teníamos que votar!

Y así no más fue. Nos inscribimos sin problemas y nuestras aprehensiones respecto de la decoración de stand se concretaron: un espacio de 2×3, abierto adelante, con una mesita redonda tipo terraza, chiquita, y dos sillas…En la cenefa el logo del congreso y el nombre de nuestro país… O sea, relatado así puede parecer la nada, pero en términos de diseño es mucho espacio para llenar… El punto el ¿con qué?

La IDF confecciona un póster igual para todos los participantes. Hace un tiempo nos pidieron que respondiéramos algunas preguntas: año de fundación, objetivos, actividades destacadas, etc., y también hubo que enviarles nuestro logo.
Bueno, llegó el póster… de míseros 50×60 cms… Sin logo. O sea. Nada. Ya era tarde para que la organización lo solucionara. No nos íbamos a complicar con la Carola.
Y como había que llenar algo de las paredes decidimos imprimir algunos gráficos de nuestras estadísticas, los que complementaríamos con las portadas de las revistas que traemos.
Para armar los gráficos usamos mi mac… Pero tuvimos que comprar un adaptador de corriente pues a pesar de yo tener un adaptador que me vendieron por “universal”, parece que Sudáfrica está fuera de este universo. Son tres patas que no hay caso de hacer calzar. El resto, más fácil. Cargar el pendrive e ir al centro de copiado y scaneado e impresión que todo buen centro de convenciones tiene y pedir las impresiones en color, sólo en tamaño A4 nada más.
Pero quedó bien, súper. No pegamos las tapas de las revistas pues no las llevamos. Eso sí, ya esta noche las dejamos preparadas, incluida la cinta transferible que tuvimos que comprar y que le hacen compañía a las tijeras que también pedimos…
Así se nos pasó la hora hasta poco antes de las 2 de la tarde, hora de la citación de la Asamblea SACA.
Yo no andaba con mucho ánimo de comer, prefiero irme con calma y sobre seguro así que preferí unas tonteras: una barra tipo súper ocho de caramelo y crispi y un paquete de papas fritas: total 38 grs. de hidratos de carbono muy bien contados. Me los comí con 68 de glicemia y post prandial llegué a 130 no más.
Lo de SACA, sin entrar en detalles es pintoresco. Es mi primera vez en una situación así y ver a la gente de cerca luchando por los puestos y las preferencias… me pareció eso, pintoresco. Eso sí, hubo mucho debate y el tema se alargó tanto que como los buses gratis duraban hasta las 8 no más, tuvimos que venirnos en un taxi que tomamos con unas chicas ecuatorianas. Es cierto, uno sabe que de turista, tomar un taxi a la salida de un centro de convenciones, con muchos hoteles por los lados no es una muy buena idea si uno quiere ahorrar, pero a veces, el cansancio, las ganas de volver a un lugar más conocido te hacen hacer esas cosas.
Nos dimos cuenta que ni siquiera sabemos en qué campus de la universidad de Cape Town estamos: existe el upper, el middle y el down… So… No porque desde acá yo vea hacia abajo, o tenga que subir una pequeña colina para llegar a mi edificio estoy en el upper… ¡No señores! Estamos en el lower… O sea. En fin. Un poco de pelea con el taxista porque al acordar que le pagaríamos 70 rens (dividan por US$ 6,39, o multipliquen por $ 83 aprox.)si más encima nos perdimos, y le pasamos un billete de 50 primero buscando los otros 20 en el bolsillo, él creyó que le pagaríamos eso no más. Por otro lado es bien difícil entenderles. Hablan inglés, con mucho acento claro está, pero a veces es tanto el acento que juraría que estoy hablando con alguien que usa su dialecto aborigen para comunicarse… Y no estoy tan alejado de la realidad pues entre algunos se hablen directamente en su lengua y mezclan palabras muy raras para nosotros.

Estoy cansado. Ya son las 23:17. Mis glicemias han andado súper bien. Estando un poco limitado el acceso a comida, ya sea por el cansancio o simplemente porque nos ha tocado trabajar duro, estoy muy contento de cómo ha respondido mi organismo al estrés y la variabilidad de los horarios y cantidades de comida. Sin lugar a dudas, la decisión de venir con bomba de infusión fue un acierto, no puedo negarlo.
Por otro lado, he recibido varias preguntas y comentarios de los otros delegados de las asociaciones latinoamericanas sobre el tema: cuánto cuesta en Chile, cómo funciona, que qué me parece, que quién la comercializa. Si vale la pena ir a comprarla allá en vez de a los Estados Unidos. Si la cubre el Estado…
Esto se complemente con otra sensación. La de estar haciendo lo correcto en la Fundación Diabetes Juvenil de Chile. Se nos respeta. Se nos tiene como referente de primer orden en organización, actividades y material. Las muestras de afecto al saber que venimos de Chile, han brotado espontáneas. Todos preguntan por don César Velasco, se le quiere y se le valora como una persona muy íntegra e idónea. Las intervenciones de Carolina en la Asamblea fueron aplaudidas, por lo correctas, por lo lúcidas, por venir de quien vienen… Éramos los “compañeros de Chile” como decía el encargado, un representante de Costa Rica., “unos ejemplos para todos”.

Estoy contento. Extraño a mi gente. Amo a Tamara y Max y pensando el ellos es que puedo decir satisfecho que fue un día positivo este de hoy. Espero que el de mañana domingo, día que se abre el Congreso oficialmente, sea mejor.

Marcelo, desde la lejana Cape Town, tierra africana.

Son las 7 de la mañana de este día… ¿lunes 4? Lunes ya. Uno se pierde un poco con el tiempo.
Está soleado… desde pasadas las cuatro de la mañana.
Si bien es cierto que el Congreso partía oficialmente ayer, recién hoy deberemos estar todo el día en el stand.
Ayer llegamos temprano al Centro de Convenciones a terminar de pegar el material que nos faltaba en las paredes de nuestro stand. Quedó bonito, dadas las circunstancias.
Y ayer comenzamos a ver caras conocidas. Quiero decir chilenas. Varios médicos nos saludaron por la mañana y quedaron de pasar después.
Cerca de las 11 de la mañana decidimos partir al hotel donde se estaba efectuando la asamblea del consejo general de la IDF, en donde, entre otras materias, se votaría por el próximo presidente electo, que es una figura que se ha instituido para que desde ya se integre a la mesa directiva y así, cuando le corresponda asumir, en octubre de 2009 en Montreal, haya continuidad en el trabajo que la IDF realiza.

Al llegar al congreso, una vez más nos vimos sorprendidos por las omisiones que se cometen a pesar de nosotros cumplir con todo lo que se nos pide. Chile aparecía con la posibilidad de hacer uso de sus tres votos, pero sólo la representante de la Soched y don César Velasco (presidente de la FDJ) estaban habilitados para votar.
Desde Santiago se re confirmó que los que íbamos a votar por la FDJ éramos Carolina Kahler y yo. Que necesitábamos una carta formal de don César y otras cosas…Finalmente nos dejaron entrar como “observadores” nada más… Pero teníamos frente a nuestros escritorios los dos controles para votar electrónicamente… Así que como buenos chilenos que se precien votamos no más… ¡Si teníamos los aparatos ahí!
En el hotel (lujosísimo, triste contraste con donde nos alojamos) por suerte estaba incluida la comida así que a las 12:30 se suspendió la sesión para bajar a comer.

Estuvimos con la gente de Ecuador, Uruguay, Paraguay y Costa Rica, y en una mesa de 9, ¡7 éramos diabéticos!
De vuelta a la sala a las 13:30 y la verdad es que el asunto es bien peculiar, pues se mezcla la solemnidad de una asamblea con más miembros que las Naciones Unidas, con la actitud festiva de algunos que no dejan de tomarse fotos rodeados de tanta gente y en un lugar tan…tan… tan ¿exclusivo? No se… raro igual.

Volvimos al Centro de Convenciones poco después de las 5 de la tarde. Se suponía que la ceremonia inaugural, a la que estábamos todos invitados era a las 6… Pues no pudimos llegar hasta el hall donde se desarrollaba en vivo, por lo que no optamos por seguirla por circuito cerrado en pantalla ultra gigante. Es tuvimos en un salón, junto a varios médicos chilenos que se iban sumando en la asistencia.
Primero servían las bebidas… y como una hora y media después apareció algo sólido que hecharle a la guata: la verdad que que sólo comí lo que pude reconocer: un poco de salmón y un tipo de empanadas con carne más bien picantitas. Probé unas brocehetas de carne, pero tenían damascos asados entre medio y la mezcla no me gustó mucho.
Estuvo buena la conversa que incluyó al representante en Chile del laboratorio Sanofi Aventis, José Luis Saravia, quien gentilmente se ofreció a traernos hasta nuestro lugar de alojamiento una vez que decidimos que ya era hora de ir a descansar. Ese gesto, sí que se agradece.

Mis glicemias andan casi perfectas. La bomba se ha portado de maravillas y mucha gente se me ha acercado a consultarme por ella… Y hasta los médicos chilenos, quienes demuestran su interés por conocer los avances al asistir a este tipo de congresos… Ahora, para preguntarme por la bomba, nos podríamos haber ahorrado el viaje, je, je, je.

¿Qué ocurrirá hoy día? ¿Nos habrán robado algo del material que dejamos en el stand? Una de las cosas que pusimos fue el juego “La Escalera”, que le regala la FDJ a los más chiquitos recién diagnosticados. Pegamos la caja y el tablero sobre una pared. Pues al volver de la asamblea ya no estaba el tablero. Y hemos sabido de otras “pérdidas” en los stands, por no hablar directamente de robo… Así que hay que andarse con cuidado, alguien anda recolectando “fondos” para sus “diabéticos”.