Amanece en Cape Town.
Son poco después de las 5 de la mañana de este sábado 2 de diciembre.
Ayer no pude escribir porque simplemente me venció el cansancio.
El viaje, desde Sao Paulo hasta acá, lo podría catalogar de “inolvidable”. Lo pasé pésimo. Alrededor de dos horas después de haber despegado de la ciudad brasileña y ya sobre el Atlántico, comenzaron unas turbulencias no demasiado violentas, pero sí prolongadas… Y fue nefasto. Justo en ese momento me habían ofrecido un vaso de agua y la combinación me provocó un mareo como hace mucho no tenía… De ahí en más vomité varias veces, no se cuantas, mi glicemia bajó a 62 hasta que llegó la hora del desayuno y se me ocurrió “probar” un panqueque con mucha crema, que terminó de revolverme el estómago. Pero conste que sólo lo probé… un par de mordiscos nada más.
Llegamos cerca de las 6 AM a Johannesburgo y como teníamos que hacer la conexión a Ciudad del Cabo tuvimos que retirar el equipaje que traíamos, salir del Terminal Internacional, caminar un par de cuadras y llegar al Terminal de Vuelos Locales… Y yo sintiéndome pésimo.
Hicimos el nuevo check in en una larga fila (no se si saben pero en muchos aeropuertos internacionales lo que hacen ahora es chequear a todos los pasajeros de una misma compañía en un set de counters. ¿Eficiencia? No lo se. En la fila puede estar adelante alguien que tiene un vuelo en un par de horas más y atrás alguien al que le faltan 5 minutos para abordar.
Náuseas, cansancio, mucho sueño, una glicemia pegada en 250 que no bajaba a punta de bolos manuales… Bonita combinación.
Hicimos el check in y ya sólo nos quedaba dirigirnos a la sala de embarque. Y aquí ocurrió algo que en mi estado no logré dimensionar…
Yo siempre llevo conmigo mi navaja Victorinox… Aquella que muchos conocen. La que tiene “ene mil” herramientas, desde un lápiz hasta una lupa, pasando por tijeras mondadientes…
He hecho muchos viajes antes con ella en mi mochila, en mi bolso banano y nunca me dijeron nada al pasar los controles…Viajes post 11-09.
Pues bien, acá me la quitaron. La celosa oficial dijo en un tonito: “¿Hay una navaja ahí dentro?” Y yo por supuesto asentí. La busqué fácilmente, la saqué y se las mostré. Por supuesto me dijeron que no podía llevarla y la opción era devolvernos y hacer el check in otra vez (nuestras maletas a esa altura ya debían estar arriba del avión) o depositarla en un contendor donde se veían miles de otras cosas similares que no habían pasado los rayos x… Yo la verdad no me sentía en condiciones para argumentar nada: que había salido de Santiago de Chile con ella, que había entrado a Brasil con ella allí… Nada. Si ni siquiera la bomba de insulina detectaron. ¡No suena al pasar el arco de control! Y ahí quedó mi navaja. Aquella que tenía grabado mi nombre. Aquella que me había regalado Vanessa, mi fallecida suegra, hace como 8 años y que había comprado directamente en la sala de venta de Victorinox, en uno de sus últimos viajes a Suiza.
Es raro, pero el apego que uno siente por algunos objetos no se puede describir.
Todavía seguía en shock cuando ya estábamos arriba del avión (al que había que llegar luego de tomar un bus claro está. Imagino que las ampliaciones de los dos aeropuertos que vimos acá tienen que ver con el hecho de ser Sudáfrica la sede del próximo mundial de fútbol). Subiendo las escaleras para abordar el jumbo de South African Airways rumbo a Cape Town (a 1750 km. al sureste de Johannesburgo, algo así como 2 horas y 20 minutos de viaje) me temblaban las piernas. A duras penas llegué arriba. La mala suerte es que como era un jumbo la fila de los asientos del lado de ventana era de a tres… Y el pasillo ya estaba ocupado. Pasamos con la Carola pidiéndole permiso al gordo oriental que olía pésimo (según nuestros estándares) y nos instalamos. Antes del despegue ya quería ir al baño a vomitar. No me dejaron las azafatas, me pasaron la clásica bolsita… Aguanté como pude hasta que se apagaron las luces de cinturones de seguridad abrochados. Y vomité tres veces más, llegando justo al baño que estaba en la cola de avión.
Sin la Carola, la verdad es que no sabría que habría hecho.
Finalmente estamos alojados en un Campus de la Universidad de Cape Town. Son eso, las clásicas instalaciones que vemos en las películas donde en torno a un edificio central de no más de cuatro pisos se agrupan otros donde se mezclan salas de clases con construcciones para que alojen sus estudiantes. Construcción sólida, de ladrillo estilo inglés, con algunos edificios nuevos y otros de mediados del siglo pasado. Diez o doce habitaciones por piso, y un baño común… Claramente no es un hotel 5 estrellas… pero es lo que hay.
Hoy iremos al Centro de Convenciones a registrarnos oficialmente en el congreso. Debemos “armar” nuestro stand con muy pocos recursos… Nos faltó producción creo.
Ya amaneció en Cape Town. Hay unos 18 grados, hay sol pero unas pocas nubes cubren el cielo. Corre viento y probablemente en un rato nosotros correremos con él.
Ah. Ya estoy mejor de mi estómago. A punta de galletas de agua, coca ligth y un poco de jugo para corregir pequeñas bajas, me siento bien. Todavía el cambio de hora (5 más que en Santiago) afecta, pero en términos de glicemias ya llevo 12 horas con ellas bastante normales.
Vaya! Esta experiencia como representante de la FDJ en este congreso está siendo toda una experiencia.
Ya anocheció en Cape Town. Estoy otra vez en mi habitación. Son las 10:20 de la noche cuando puedo sentarme frente al teclado otra vez. No estoy tan agotado como ayer, sin embargo fue un día largo.
Sigo sin poder conectarme a internet, creo que mañana, una vez que el Congreso comience en forma oficial sí lo haré. AL menos desde el Centro e Convenciones, porque lo que es desde acá, lo dudo. Hay un enchufe de cable de red, pero no funciona.
Anoche puse la cabeza en la almohada a eso de las 8 y me quedé dormido profundamente… Hasta que desperté una hora y media después por el ruido de risas y conversaciones a muy alta voz en la entrada del edificio. La gente habla alto acá, es como su forma de ser. He visto sonrisas muy amables y se les ve expresivos.
Me costó volverme a dormir… Serían casi las 11 probablemente cuando lo conseguí.
Había puesto el despertador a las 7:30 pues quedamos de encontrarnos con la Carola a las 8:30 para desayunar juntos (hay comedores comunes y si bien es cierto mujeres y hombres duermen en edificios distintos, es espacio de los comedores se puede compartir).
Pues bien, me desperté a las 5 AM con nos ojos así de grandes. Y como no sacaba nada con intentar dormir otra vez, luego de ducharme me puse a escribir el post anterior.
Luego desayunar y contarnos nuestras penurias para conciliar el sueño, lo malo de la cama, lo desagradable del ruido (Carola había dormido menos que yo: nada) y proponernos que este sería un día mejor, emprendimos camino al Centro de Convenciones, sede del Congreso. Un tremendo lugar, moderno, con todas las comodidades para eventos de esta magnitud (no olvidemos que la IDF tiene más de 170 asociaciones miembros de más de 120 países).
Las actividades de este día estaban circunscritas a tres en lo que a nosotros concierne: acreditarnos oficialmente, ver nuestro stand y evaluar cómo lo podíamos decorar y participar como representantes en la reunión de SACA (el grupo de la IDF que nos corresponde y que agrupa a todas las asociaciones de Latinoamérica y el Caribe) donde se llevaría a efecto la elección del nuevo presidente. O sea, hasta teníamos que votar!
Y así no más fue. Nos inscribimos sin problemas y nuestras aprehensiones respecto de la decoración de stand se concretaron: un espacio de 2×3, abierto adelante, con una mesita redonda tipo terraza, chiquita, y dos sillas…En la cenefa el logo del congreso y el nombre de nuestro país… O sea, relatado así puede parecer la nada, pero en términos de diseño es mucho espacio para llenar… El punto el ¿con qué?
La IDF confecciona un póster igual para todos los participantes. Hace un tiempo nos pidieron que respondiéramos algunas preguntas: año de fundación, objetivos, actividades destacadas, etc., y también hubo que enviarles nuestro logo.
Bueno, llegó el póster… de míseros 50×60 cms… Sin logo. O sea. Nada. Ya era tarde para que la organización lo solucionara. No nos íbamos a complicar con la Carola.
Y como había que llenar algo de las paredes decidimos imprimir algunos gráficos de nuestras estadísticas, los que complementaríamos con las portadas de las revistas que traemos.
Para armar los gráficos usamos mi mac… Pero tuvimos que comprar un adaptador de corriente pues a pesar de yo tener un adaptador que me vendieron por “universal”, parece que Sudáfrica está fuera de este universo. Son tres patas que no hay caso de hacer calzar. El resto, más fácil. Cargar el pendrive e ir al centro de copiado y scaneado e impresión que todo buen centro de convenciones tiene y pedir las impresiones en color, sólo en tamaño A4 nada más.
Pero quedó bien, súper. No pegamos las tapas de las revistas pues no las llevamos. Eso sí, ya esta noche las dejamos preparadas, incluida la cinta transferible que tuvimos que comprar y que le hacen compañía a las tijeras que también pedimos…
Así se nos pasó la hora hasta poco antes de las 2 de la tarde, hora de la citación de la Asamblea SACA.
Yo no andaba con mucho ánimo de comer, prefiero irme con calma y sobre seguro así que preferí unas tonteras: una barra tipo súper ocho de caramelo y crispi y un paquete de papas fritas: total 38 grs. de hidratos de carbono muy bien contados. Me los comí con 68 de glicemia y post prandial llegué a 130 no más.
Lo de SACA, sin entrar en detalles es pintoresco. Es mi primera vez en una situación así y ver a la gente de cerca luchando por los puestos y las preferencias… me pareció eso, pintoresco. Eso sí, hubo mucho debate y el tema se alargó tanto que como los buses gratis duraban hasta las 8 no más, tuvimos que venirnos en un taxi que tomamos con unas chicas ecuatorianas. Es cierto, uno sabe que de turista, tomar un taxi a la salida de un centro de convenciones, con muchos hoteles por los lados no es una muy buena idea si uno quiere ahorrar, pero a veces, el cansancio, las ganas de volver a un lugar más conocido te hacen hacer esas cosas.
Nos dimos cuenta que ni siquiera sabemos en qué campus de la universidad de Cape Town estamos: existe el upper, el middle y el down… So… No porque desde acá yo vea hacia abajo, o tenga que subir una pequeña colina para llegar a mi edificio estoy en el upper… ¡No señores! Estamos en el lower… O sea. En fin. Un poco de pelea con el taxista porque al acordar que le pagaríamos 70 rens (dividan por US$ 6,39, o multipliquen por $ 83 aprox.)si más encima nos perdimos, y le pasamos un billete de 50 primero buscando los otros 20 en el bolsillo, él creyó que le pagaríamos eso no más. Por otro lado es bien difícil entenderles. Hablan inglés, con mucho acento claro está, pero a veces es tanto el acento que juraría que estoy hablando con alguien que usa su dialecto aborigen para comunicarse… Y no estoy tan alejado de la realidad pues entre algunos se hablen directamente en su lengua y mezclan palabras muy raras para nosotros.
Estoy cansado. Ya son las 23:17. Mis glicemias han andado súper bien. Estando un poco limitado el acceso a comida, ya sea por el cansancio o simplemente porque nos ha tocado trabajar duro, estoy muy contento de cómo ha respondido mi organismo al estrés y la variabilidad de los horarios y cantidades de comida. Sin lugar a dudas, la decisión de venir con bomba de infusión fue un acierto, no puedo negarlo.
Por otro lado, he recibido varias preguntas y comentarios de los otros delegados de las asociaciones latinoamericanas sobre el tema: cuánto cuesta en Chile, cómo funciona, que qué me parece, que quién la comercializa. Si vale la pena ir a comprarla allá en vez de a los Estados Unidos. Si la cubre el Estado…
Esto se complemente con otra sensación. La de estar haciendo lo correcto en la Fundación Diabetes Juvenil de Chile. Se nos respeta. Se nos tiene como referente de primer orden en organización, actividades y material. Las muestras de afecto al saber que venimos de Chile, han brotado espontáneas. Todos preguntan por don César Velasco, se le quiere y se le valora como una persona muy íntegra e idónea. Las intervenciones de Carolina en la Asamblea fueron aplaudidas, por lo correctas, por lo lúcidas, por venir de quien vienen… Éramos los “compañeros de Chile” como decía el encargado, un representante de Costa Rica., “unos ejemplos para todos”.
Estoy contento. Extraño a mi gente. Amo a Tamara y Max y pensando el ellos es que puedo decir satisfecho que fue un día positivo este de hoy. Espero que el de mañana domingo, día que se abre el Congreso oficialmente, sea mejor.
Marcelo, desde la lejana Cape Town, tierra africana.
Son las 7 de la mañana de este día… ¿lunes 4? Lunes ya. Uno se pierde un poco con el tiempo.
Está soleado… desde pasadas las cuatro de la mañana.
Si bien es cierto que el Congreso partía oficialmente ayer, recién hoy deberemos estar todo el día en el stand.
Ayer llegamos temprano al Centro de Convenciones a terminar de pegar el material que nos faltaba en las paredes de nuestro stand. Quedó bonito, dadas las circunstancias.
Y ayer comenzamos a ver caras conocidas. Quiero decir chilenas. Varios médicos nos saludaron por la mañana y quedaron de pasar después.
Cerca de las 11 de la mañana decidimos partir al hotel donde se estaba efectuando la asamblea del consejo general de la IDF, en donde, entre otras materias, se votaría por el próximo presidente electo, que es una figura que se ha instituido para que desde ya se integre a la mesa directiva y así, cuando le corresponda asumir, en octubre de 2009 en Montreal, haya continuidad en el trabajo que la IDF realiza.
Al llegar al congreso, una vez más nos vimos sorprendidos por las omisiones que se cometen a pesar de nosotros cumplir con todo lo que se nos pide. Chile aparecía con la posibilidad de hacer uso de sus tres votos, pero sólo la representante de la Soched y don César Velasco (presidente de la FDJ) estaban habilitados para votar.
Desde Santiago se re confirmó que los que íbamos a votar por la FDJ éramos Carolina Kahler y yo. Que necesitábamos una carta formal de don César y otras cosas…Finalmente nos dejaron entrar como “observadores” nada más… Pero teníamos frente a nuestros escritorios los dos controles para votar electrónicamente… Así que como buenos chilenos que se precien votamos no más… ¡Si teníamos los aparatos ahí!
En el hotel (lujosísimo, triste contraste con donde nos alojamos) por suerte estaba incluida la comida así que a las 12:30 se suspendió la sesión para bajar a comer.
Estuvimos con la gente de Ecuador, Uruguay, Paraguay y Costa Rica, y en una mesa de 9, ¡7 éramos diabéticos!
De vuelta a la sala a las 13:30 y la verdad es que el asunto es bien peculiar, pues se mezcla la solemnidad de una asamblea con más miembros que las Naciones Unidas, con la actitud festiva de algunos que no dejan de tomarse fotos rodeados de tanta gente y en un lugar tan…tan… tan ¿exclusivo? No se… raro igual.
Volvimos al Centro de Convenciones poco después de las 5 de la tarde. Se suponía que la ceremonia inaugural, a la que estábamos todos invitados era a las 6… Pues no pudimos llegar hasta el hall donde se desarrollaba en vivo, por lo que no optamos por seguirla por circuito cerrado en pantalla ultra gigante. Es tuvimos en un salón, junto a varios médicos chilenos que se iban sumando en la asistencia.
Primero servían las bebidas… y como una hora y media después apareció algo sólido que hecharle a la guata: la verdad que que sólo comí lo que pude reconocer: un poco de salmón y un tipo de empanadas con carne más bien picantitas. Probé unas brocehetas de carne, pero tenían damascos asados entre medio y la mezcla no me gustó mucho.
Estuvo buena la conversa que incluyó al representante en Chile del laboratorio Sanofi Aventis, José Luis Saravia, quien gentilmente se ofreció a traernos hasta nuestro lugar de alojamiento una vez que decidimos que ya era hora de ir a descansar. Ese gesto, sí que se agradece.
Mis glicemias andan casi perfectas. La bomba se ha portado de maravillas y mucha gente se me ha acercado a consultarme por ella… Y hasta los médicos chilenos, quienes demuestran su interés por conocer los avances al asistir a este tipo de congresos… Ahora, para preguntarme por la bomba, nos podríamos haber ahorrado el viaje, je, je, je.
¿Qué ocurrirá hoy día? ¿Nos habrán robado algo del material que dejamos en el stand? Una de las cosas que pusimos fue el juego “La Escalera”, que le regala la FDJ a los más chiquitos recién diagnosticados. Pegamos la caja y el tablero sobre una pared. Pues al volver de la asamblea ya no estaba el tablero. Y hemos sabido de otras “pérdidas” en los stands, por no hablar directamente de robo… Así que hay que andarse con cuidado, alguien anda recolectando “fondos” para sus “diabéticos”.