
Me han pasado cosas por acá. Es cierto que se extraña el país, en muchas cosas, demasiadas… No valoramos lo que tenemos hasta que lo perdemos… pero es la naturaleza humana no más.
Si bien extraño mi auto, la calles, mi cama o un café en el Tavelli, no es precisamente el café de allí lo que más hecho de menos 
El jueves pasado fuimos a un lugar llamado Colonia Tovar… y ahí voy con lo del café.
La Colonia Tovar se encuentra a casi 2.200 m de altura sobre el nivel del mar en la serranía del Litoral Central de la Cordillera de la Costa, comunicada con Caracas y La Victoria por carretera. Su clima es templado de montaña, con amplitudes térmicas diarias de unos de 10ºC, con promedio de 16,8ºC, y frecuentes nieblas, sobre todo al amanecer y en la tarde.
La Colonia Tovar fue fundada en 1.843, por el Coronel Agustín Codazzi y Alexander Benitz. Este pueblo fue fundado para un desarrollo agrícola e industrial. Hoy en día la Colonia Tovar depende básicamente de la agricultura y del Turismo. Está ubicada en el estado Aragua, a 35 kilómetros de La Victoria y a 42 kilómetros de Caracas.
Hagamos un poco de historia. Alrededor de 1840, el ministro de relaciones exteriores de Venezuela recibió una carta del embajador del país en Alemania preguntándole si existía la factibilidad de encontrar terrenos apropiados para invitar a colonos alemanes a poblar este país un tanto alejado de sus raíces. Y así fue como un señor de apellido Tovar donó las tierras diciendo que a 2400 mts sobre el nivel del mar estaban dadas la condiciones climáticas para realizar cultivos que por acá en el llano no se daban. El aire es más frío, hay más humedad, la vegetación crece exótica y la tierra es muy fértil. Y así llegaron los primeros 250 alemanes de la zona de la selva negra… Hoy son más de 7000 y el lugar se ha convertido en todo un centro turístico. Está a 35 Km del centro de la ciudad de La Victoria (donde estamos), pero la carretera es muy empinada, con infinidad de curvas, muy difícil de subir. Ellos mantienen el idioma, las construcciones son las típicas casas alemanas de campo y están dedicados a producir flores, fresas, tomates, duraznos, ajos, melocotones y demás cultivos de clima templado. Hay también talleres artesanales de cerámica, fábricas de embutidos, galletas y dulces, industrias cerveceras, conservas de alimentos (mermeladas, duraznos en almíbar, etc.), además de las actividades tradicionales agropecuarias que se traducen en la comercialización de hortalizas, frutas, flores, carne de cerdo y sus derivados.

Y es aquí donde entra el café, pues antes de irnos no podíamos dejar de probar una de las especialidades: las fresas con crema. Aunque la verdad es que Tamara pidió un strudel de manzanas y yo uno de fresas, con mucha crema al lado… todo acompañado de un delicioso capuccino… exquisito se queda corto como adjetivo… Y a mí se me ocurrió pedir sacarina, cosa que obviamente no tenían. Así que puse a trabajar la bomba y pasó piola.
La Colonia Tovar es un lugar increíble. El entorno es maravilloso, entre las montañas, esas casas, que muchos han transformado en hoteles. También mucha gente rica y de la alta sociedad venezolana tiene sus casas de descanso por allá. Recuerdo haber visto un reportaje en la Deutsche Welle TV sobre ella hace un tiempo… y no imaginé llegar a estar en persona. Se podrá decir que nosotros tuvimos nuestra Colonia Dignidad, pero claramente el sentido que originó esta otra otra dista mucho de aquel.
Ayer nos tocó domingo familiar. Almorzamos una cazuela a la chilena con empanadas de horno como hace tiempo no lo hacemos en Chile. Para rematar el día me vine manejando desde Caracas hasta acá.
Ya he dicho que son como 130 Kms. Pero es que Helga, la prima de Tamara, estaba muy trasnochada y me ofrecí por “nuestra seguridad” a conducir de regreso. Nos vinimos como a las 8 y 30. Ya a esa hora está re oscuro. Pero se debe sumar el hecho de que acá manejan como bestias, no señalizan los cambios de pistas, nadie respeta las velocidades límites y usan las luces altas en contra como si no tuvieran otras… Y la verdad es que no tienen, porque de repente a 140 por hora te encuentras con un ¿auto? (es que son unos esperpentos algunos) que aparece de la nada, sin luces atrás y te obliga a moverte con brusquedad. Además la carretera, construida en los 50´s, deja mucho que desear, porque está llena de curvas que te tiran para afuera, nada de desnivel o peralte como las nuestras… Llegué hasta 150 en algunos tramos, con muchas luces encandilándome, pero dando muestras de una seguridad a lo Ayrton Senna, jejejeje, modestamente… Todo sin contar que no ando con carnet internacional para conducir… es que acá ni siquiera los venezolanos lo usan mucho…
Una anécdota más para la bitácora, un día más que sumar a este periplo que ha sido muy interesante en el sentido de descubrir un pueblo casi desde dentro, formando parte de su día a día.