Iniciaré una serie de posteos contando algunos de los beneficios que he comprobado representa el uso de la bomba de infusión de insulina.
Antes que todo, debo agradecer a la gente de Tecnika S.A., quienes hasta el pasado lunes 12 me dejaron usar, sólo pagando el costo de los insumos que ocupo, una bomba de insulina Medtronic Paradigm 715. La diferencia con la Paradigm 722 REAL Time es que esta última además incluye el sistema de monitoreo contínuo de glicemia… Eso si es que se tiene el transmisor Mini Link…
Pues bien. El pasado lunes compré la Paradigm 715, y espero en el futuro usar el monitoreo contínuo.
Desde noviembre de 2006, cuando me puse por primera vez la Paradigm 715, pude comprobar progresivamente no una disminución significativa de mi HbA1c, si no los más relevante a mi juicio: una mejora sustantiva de mi calidad de vida.
NO es mi intención que piensen que la única opción para el tratamiento de la diabetes tipo 1 hoy en día es la bomba. No es así.
La terapia con bomba existe en el mundo hace más de 30 años. Lo que ocurre es que a Chile recién viene llegando hace un par de temporadas y todavía no logra masificarse. Sin duda que la variable precio es un factor a considerar (la Paradigm 722 cuesta casi los CLP $ 3.5 millones (US$ 7.500.- aproximadamente) y no está cubierta por el GES…
Por otro lado, poco a poco los médicos que saben manejar la terapia con bomba han aumentado en número, no mucho, pero han aumentado. Y los que ya algo sabían, han ido haciendo camino al andar.
Así como otros tratamientos, la terapia con bomba en una indicación médica. En Chile, muchos médicos ni siquiera la mencionan como alternativa pues piensan en el costo y en la capacidad de paciente para asumir este nuevo manejo.
La terapia con bomba no es simple de explicar, pero cuando uno ya tiene manejo de diabetes, se convierte en una buena forma de mejorar y simplificar la vida.
Eso ha ocurrido conmigo.
La terapia con bomba de infusión de insulina y las hipoglicemias
Por años conviví con las hipoglicemias diarias, más de una la mayoría de las veces. Por años sentí que eso era lo “normal”. Y hasta cierto punto lo era. La hipoglicemia, un nivel más bajo que lo normal del azúcar en la sangre, es parte del tratamiento, es parte de la vida, es una señal que los diabéticos estamos haciendo las cosas más o menos bien. Si no hay “bajas” entonces lo más probable es que estemos “altos”, y ese es el estado que origina la mayoría de las complicaciones en el largo plazo a los que nos vemos expuestos nosotros, los tipo 1.
Con el paso de los años, mis “bajas” comenzaron a ser asintomáticas, algo no muy bueno. De los temblores iniciales, la sudoración, la palidez, los mareos, la dificultad para hablar y el entumecimiento de los labios entre otros había pasado a simplemente medirme para darme cuenta lo bajo que estaba. Y eso es lógico. Si busco un buen control, si uso multidosis con glargina y ultrarápida, si tengo hace rato una HbA1c cercana a 6, es lógico pensar que me paso gran parte del día bajo… Y uno se acostumbra… Y puede ser peligroso, al punto que algunos médicos someten a sus pacientes a períodos en que estén más “altos” para recuperar los síntomas… Porque afortunadamente en muchos casos es posible volver a sensibilizarse.
La terapia con bomba me devolvió los síntomas de hipoglicemias en niveles “más aceptables”: en mi caso alrededor de 65… Y lo mismo pasó con las hiperglicemias: ahora con 160 ya me siento “alto”, y entonces actúo (inyecto un bolo de corrección para llegar a mi meta glicémica a esa hora).
Hoy, el 6,0 de HbA1c que tengo es el resultado de los promedios de glicemias más acotadas, el rango se ha restringido, ya no es 22 - 350… Y eso se siente.
Probablemente nadie mejor que otro diabético tipo 1 para entender mis palabras… Es como cuando trato de explicarle a la gente de los laboratorios que traen nuevos monitores de glicemia el tema de la espera. No logran dimensionar lo que significa para algunos de nosotros la diferencia entre una máquina que tarda 30 segundos y otra que tarda 5. Veinticinco segundos es la diferencia matemática, pero cuando te haces más de ocho glicemias al día los segundos de más o de menos se hacen significativos. Eso sí, no al punto de poner el riesgo la confiabilidad del resultado.
Calidad de vida mejor. Eso es lo que me ofrece la bomba y eso es lo que estoy disfrutando, pero con mucho conocimiento previo.
La bomba de infusión de insulina me da más libertad, pero más conciencia que tengo diabetes. Ese aparato mecánico, que en buenas cuentas no es nada más que un mini computador con un software maravilloso, se convierte en casi un páncreas artificial. Todavía necesita que yo le de instrucciones, que yo le cuente qué voy a comer, qué glicemia tengo, a qué hora estoy comiendo, qué sensibilidad a la insulina tengo, cuánto me dura la insulina en mi organismo y otra serie de datos. Si yo le entrego la información correcta, ella me hace sentir muy, pero muy bien. Cuando yo me equivoco, podrán imaginar las consecuencias… Pero que afortunadamente si no son muy buenas son muy fáciles de solucionar.
Estoy feliz. Era lo que yo quería. Creo que me lo merecía.
Y como me dijo mi esposa con su humor muy especial para justificar la inversión: “acá te necesitamos por varios años más… y ojalá en las mejores condiciones posibles”. Y así pretendo estar con ayuda de mi Paradigm 722