
…O la medición que hacemos después de las comidas.
Cuando se tiene diabetes tipo 1 desde el siglo pasado
, se puede mirar atrás y ver cómo ha ido cambiando el tratamiento. Desde los controles glicémicos una vez al día, en ayunas por las mañanas, con cintas visuales (el famoso HaemoGlucotest, que de marca comercial pasó a convertirse prácticamente en un genérico), pasando por las lancetas de lata, que más que pinchar el dedo lo cortaban, hasta las bombas de infusión de insulina ultra sofisticadas… que son una evolución de las jeringas de vidrio, luego plásticas desechables y los pens de insulina.
Recuerdo las primeras instrucciones respecto al momento cuando medir una glicemia: “Siempre en ayunas, porque con eso podemos determinar la dosis de insulina, porque los hidratos de carbono son fijos“. Después pasamos a que era bueno medir siempre antes de cada comida… Y seguíamos determinando la dosis de insulina en función de ese único parámetro.
Hoy las cosas han cambiado bastante.
La multidosis, con el uso de insulinas glargina, determir, lispro, aspártica y glulisina nos obliga a un mayor control de nuestra glicemia.
Hace poco, navegando en el sitio de la Federación Internacional de Diabetes (IDF por sus siglas en inglés) me encontré con las Guías para el Manejo de la Glicemia Post Prandial. Es un tema del que se venía hablando desde antes del Congreso Mundial del Diabetes del 2006. En ese entonces esas guías se estaban preparando y hoy ya están disponibles.
El objetivo de dicha guía es presentar datos procedentes de informes que describan la relación entre glicemia posprandial y desarrollo de complicaciones diabéticas. Los investigadores se basaron en esos datos para desarrollar unas recomendaciones destinadas al control adecuado de la glicemia posprandial en la diabetes tipo 1 y tipo 2. La idea es servir de ayuda a clínicos y organizaciones relacionadas a la hora de desarrollar estrategias eficaces de control glicémico posprandial para personas con diabetes tipo 1 y tipo 2, teniendo en consideración los tratamientos y los recursos disponibles a nivel local.
El documento está en formato PDF, en varios idiomas. Pueden llegar al sitio haciendo clic aquí.
Cito algunas recomendaciones:
• La hiperglucemia posprandial es dañina y debería tratarse.
• Implementar estrategias de tratamiento que reduzcan el nivel de glucosa en plasma posprandial en personas con hiperglucemia posprandial.
• Debería tenerse en cuenta una serie de tratamientos, tanto farmacológicos como no farmacológicos, dirigidos a reducir la glucosa en plasma posprandial.
• La glucosa en plasma a las dos horas después de comer no debería superar los 7,8 mmol/l (140 mg/dl), siempre y cuando se evite la hipoglucemia.
• Se debe plantear la automonitorización de la glucosa en sangre (AMG) porque en la actualidad es el método más práctico de monitorizar la glucemia posprandial.
• La eficacia de los regímenes terapéuticos debería monitorizarse con tanta frecuencia como sea necesaria para orientar el tratamiento hacia la consecución de un objetivo glucémico posprandial.
Algo que rescato es que presenta evidencia científica respecto de una cuestión que yo considero fundamental: si en un ser humano sin diabetes su páncreas está “midiendo la glicemia” en cada momento para determinar qué cantidad de insulina enviar al torrente sanguíneo, entre otras cosas, por qué nosotros los diabéticos no habríamos de hacer algo parecido con las herramientas de que disponemos. Sobre todo para saber si la dosis que usamos para ese opíparo almuerzo fue suficiente o no, o la rapidez con que nos sube la glicemia el puré de papás… o la velocidad de absorción de las legumbres. Esas dos horas posteriores a la comida son muy importantes. Para mi, un adulto con más de 20 años de diabetes y con un tratamiento moderno que busca evitar las complicaciones en el largo plazo, no resulta aceptable estar en 170 o más después de comer. Si eso ocurre, algo debo hacer.
Me dirán algunos que eso es muy caro, sobre todo para quienes la cobertura de salud no es tan óptima como quisieran… Pero hay que dar la pelea, con argumentos… y en algún momento las autoridades se convencerán.
Muchas veces me han preguntado cuántas glicemias me hago al día. Y yo respondo que “las que sean necesarias”. Mínimo 6, otras 8, 10 o más incluso. Alguien dirá horrorizado que quizás cómo tengo los dedos… Afortunadamente el daño no es importante y tengo suficiente superficie para realizar una rotación adecuada. Lo que no transo es la posibilidad de saber con cierto grado de certeza en “cuánto estoy” para tomar una decisión al respecto y tratar de permanecer dentro de mi rango meta…
Y los resultados de mis exámenes me avalan: por ahora estoy muy bien y para seguir así me esfuerzo cada día.