Dolor
Friday, November 28th, 2008Siento dolor…
No pocas veces, al conversar con papás de recién diagnosticados surge por parte de ellos la pregunta: ¿Y… qué posibilidades hay que un hermanito del niño haga una diabetes? Y más que responder con argumentos de cifras, estadísticas y estudios que dan cuenta de las pocas posibilidades que eso ocurra, aunque por cierto existen, lo que uno tiende a hacer es tratar de llevar el tema a un terreno menos denso, dada la circunstancia de estrés que afecta a esos padres en ese momento: “La verdad es que hay posibilidades, pero si ya van a tener un máster en diabetes, podrán recibir a otro”. O “Que mejor lugar para que debute un nuevo diabético que un hogar donde ya se encuentre uno y todos sepan de qué se trata…”.
Me enteré ayer que acaba de ser diagnisticada con diabetes tipo 1 la hija pequeña de un buen amigo. Su hijo mayor, que recién está comenzando el colegio, había sido diagnosticado hará un par de años. Son un par de niños preciosos, con dos padres abnegados, profesionales de la salud.
El impacto es fuerte. No es esperado, no es deseado. Ellos ya pasaron por esto una vez… hace no poco tiempo. Ya saben cómo es, conocen el “sistema”, ya se han respodido más de una vez al no hallar razón lógica para una glicemia alta: “y… nada, simplemente el niño tiene diabetes…”.
Por lo mismo, es que al pensar en qué decirles en este momento todo se vuelve tan confuso.
Pienso en mi hijo único y trato de recordar cuántas glicemias de control le he hecho en sus cortos 10 años. Son varias ya. Y más de alguna me ha dejado con la duda clavada como una espina en el corazón. Por ahora todo es normal, pero los que ya le han hecho una glicemia a un hijo sano saben la angustia que se pone en frente cuando esperamos el resultado del glucómetro.
Siento un tremendo dolor, como hace tiempo no sentía.
Necesito decirles algo y me cuesta hacerlo. He compartido la noticia con amigos comunes que no lo sabían…
¿Pero qué les digo a ellos? ¿Hay algo que pueda aliviar la pena, el sentir que les están pegando en el suelo? ¿Hay algo que uno pueda decir que alivie el desánimo que surge cuando parece que ya tenías una etapa superada y ahora te ponen otra barrera más?
Sin embargo hace un rato me comuniqué con L, el papá. Y le dije justamente esto, lo que sentía. Le conté parte de la historia con la que partí este post.
Sabiendo que lo que uno necesita en situaciones como esta es apoyo, le dije que aquí estamos, para lo que sea. Pero más que eso le dije que tengo la convicción que saldrán adelante, como lo estaban haciendo con su hijo mayor. Puede ser difícil, pero está claro que la vida no se acaba acá y hay que levantarse, hay que “aperrar” como decimos acá en Chile. Es un golpe duro, lo se, pero estoy cierto que la familia saldrá fortalecida. También le dije que mi agnosticismo me impedía buscar la respuesta en dios, pero que si creyera seguro le estaría rezando.
Y también le dije finalmente que creía que su hija era una afortunada, por tener unos padres absolutamente capacitados para sacarla adelante del dificil trance que están pasando.
No hubo el drama de la hospitalización. El ojo atento de mi amigo lo hicieron actuar a tiempo. La chiquita ya está estabilizada usando muy poca insulina, en eso por ahora no hay problemas. Lo que vendrá más adelante… ya se verá.
Por mis venas corre sangre y estoy vivo…
Siento menos dolor, supongo que ya pasará.



