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De mataderos, aviones, elefantes y un colega “bombero”.

Tuesday, March 24th, 2009

Andresito

Andresito

Andresito es un niño como muchos. Tiene 6 años y está en Primero Básico.
Aunque no lo parezca, tenemos muchas cosas en común: un par de padres que lo quieren, una hermana que lo mima, un par de canes por mascotas… Y aunque no está casado ni tiene hijos ;) también compartimos el tener toda una vida por delante, para disfrutar.

Andresito, debo decirlo, tiene una imaginación desbordante. Si a mi me sorprende con las cosas que dice imagino cómo debe ser seguirle sus conversaciones diarias, ahí en su casa.

Andresito fue diagnosticado con diabetes tipo 1 cuando tenía un año y tres meses, el 28 de julio de 2003. Nos conocimos personalmente en noviembre de ese año. Somos amigos con sus padres, y en la reuniones sociales que compartimos, solemos terminar hablando de DT1 sí o sí, aunque lo hagamos en forma tangencial.

Andresito usa bomba de infusión de insulina desde julio de 2005. Fue el primer infante en hacerlo en Chile y no tengo noticias que haya alguien por acá que haya partido tan pequeño con este aparato que nos viene a mejorar la vida.

Andresito está en el mismo colegio de mi hijo. Con motivo de su ingreso al Jardín Infatil, el año pasado me tocó participar en una charla a parte del grupo de profesores a cargo del curso en el que él participaría. Y si bien todo el proceso no ha estado excento de algunos inconvenientes, el saldo es positivo.

La semana pasada, estaba yo buscando a mi hijo cuando pasé frente a la sala de Andresito. Me llamó la atención verlo dibujando en la pizarra blanca. Quedaban pocos niños dentro y la tía a cargo me dejó pasar. Le pregunté: “Andresito, ¿qué dibujas?” Y muy suelto de cuerpo me dijo: “Un matadero”. “Pero cómo? Parece un avión” Respondí…. “No, no ves que es un matadero de animales” me replicó. Le pregunté si podía tomarle una foto y me dijo que sí, pero que también quería salir con su cojín.

Cuando Andresito era más pequeño, si yo me controlaba una glicemia en su presencia no me miraba, daba vuelta la cara o cambiaba la conversación. Desde principios de este año él se está midiendo solo y sus padres le tratan de instruir en la lectura del medidor: Si son tres números, y el primero es un dos hay que estar alertas porque está un poco alto…

Llegó con su cojín y lo levantó sin que se lo pidiera. Puso su mejor sonrisa y yo hice la foto. Se ve radiante, feliz, feliz de estar en su colegio, con su “Cojín Feliz”… Él no reparó en que de paso quedó a la vista, bajo su polera, el bolsito banano donde guarda su bomba, ese aparato que es casi un páncreas artificial para nosotros.

Mírenlo, es un niño normal. Está en su colegio, un poco sucio, demostrando que hace lo mismo que sus compañeros.

Si yo no supiera que tiene diabetes y que usa bomba, no me habría dado cuenta, sólo habría visto a un niño orgulloso, posando delante de su “Matadero de animales”… Aunque a mi me parezca más un avión y me recuerde de paso el elefante que se había tragado la serpiente en “El Principito”.