Hace poco me tocó revisar el Código Sanitario que nos rige en Chile y que fue publicado en el Diario Oficial del 31 de enero de 1968 y actualizado en julio de 2000.
Mirando por ahí, encontré en el Libro 5º un artículo que es clarísimo:
Art.113: “Los Servicios profesionales de la Enfermera comprenden la gestión del cuidado en lo relativo a la promoción, mantención, restauración de la salud y prevención de enfermedades o lesiones. Estos servicios también comprenden la ejecución de acciones derivadas del diagnóstico y tratamiento médico y el deber de velar por la mejor administración de los recursos de asistencia para el paciente”.
El tema de la ejecución de acciones derivadas del diagnóstico es decidor. Sólo ellas (habría que actualiza a “ellos” también) son las profesionales calificadas y capacitadas para seguir la instrucción de un médico, realizar un procedimiento o administrar un medicamento…
Y cuan importantes son en la educación de un diabético.
Recuerdo con claridad a esa enfermera que hace casi 22 años me enseñó a pincharme los brazos, el abdomen y los muslos… Que me dijo cómo obtener una “mejor” gota de sangre para cubrir totalmente la cinta reactiva y cómo interpretar la tabla de colores y saber así mi glicemia “aproximada”. La misma que me enseñó los cuidados con la única insulina que me tenía que inyectar… Que era en realidad la única variedad que existía entonces…
Obviando que probablemente la mejor persona para enseñarle a un diabético debutante todos los “trucos” sobre su condición es un diabético “viejo”, no podemos olvidar que la instrucción formal, con base científica, con indicaciones sanitarias apropiadas sólo las puede brindar una enfermera. Nadie que no haya pasado por una universidad ni haya recibido la instrucción formal, por 12 años los médicos y 5 las enfermeras (os), debería hacerlo.
Más de una vez he escuchado, y lo he comprobado, que nosotros los diabéticos tipo 1 tenemos ángeles de la guarda que velan por nosotros, que llegan en el momento oportuno a aliviar el dolor que estamos sintiendo. Y muchos de esos “ángeles” creo que vienen con uniforme de enfermera (o).
Por suerte no me ha tocado conocer a ninguna que “recomiende” pinchar todos los dedos para una glicemia… Y que además agregue que hay que hacerlo en las yemas… Auch! No sólo qué dolor! Si no cuánta ignorancia en el tema de la educación. (Ya deberíamos saber que evitamos pinchar pulgar e índice y sólo usamos los bordes, no las yemas).
Debo ser afortunado, pues en el ámbito de la diabetes me ha tocado conocer enfermeras excepcionales, que hacen de su labor casi un apostolado: jugadas por sus pacientes, cálidas y acogedoras en su trato; más “pacientes” que sus pacientes al tener que explicar más de una vez cómo funciona el lápiz, la insulina o el glucómetro, preocupadas de aprender más, de saber más, de capacitarse para entregar lo mejor de sí.
Hoy, cuando la profesión de enfermera (o) ha salido de los hospitales y clínicas para instalarse en laboratorios farmacéuticos, centros médicos, empresas comerciales, colegios, etc., que grato es encontrarse una enfermera con vocación de servicio, para la cual antes de cualquier interés comercial está SU paciente y su bienestar.
Hoy, cuando encontrar gente buena en todo orden de cosas parece muy difícil…
Justo hoy, cuando ellas están emprendiendo nuevos desafíos profesionales, siempre ligadas al mundo de la diabetes y las enfermedades de los niños, quiero darle las gracias públicamente a Karoll Menichetti y a Pilar Hevia, Enfermeras Universitarias, por esa preocupación cuando me veían “bajo” y yo les decía que 48 no eran “nada”; por haber estado juntos en tan buenos momentos ayudando, por compartir experiencias profesionales y de vida. Gracias por sus consejos y opiniones, por su sentido del humor; por permitirme conocerlas más allá, en su rol de madres, esposas, hijas, hermanas o el que les toca desempeñar…
Gracias básicamente por ser como son: un par de hermosas personas que dejan huellas difíciles de borrar…
¡Que el éxito las esté esperando en donde les toque estar!